miércoles, 17 de agosto de 2011

LOS BANCOS CENTRALES



“El Banco Central Europeo” (BCE) actúa por fin como verdadero guardián de la estabilidad en la zona euro”. La prensa saludaba con titulares de este estilo la decisión del BCE de comprar bonos de España e Italia para hacer frente a los ataques de los especuladores financieros. 

Los bancos comerciales (Santander, BBVA, etc.) y los bancos centrales (BCE en la Unión Europea, Reserva Federal en EE.UU, etc) son las instituciones que, además de  crear dinero,  movilizan el ahorro que se genera en la sociedad, captando recursos  y concediendo créditos a empresas y familias.

Conocemos los bancos comerciales porque con alguno de ellos, por lo menos, nos relacionamos en la vida diaria, pero el banco central es una institución más lejana, de la que habitualmente tenemos referencias por la prensa. Vamos, por tanto, a acercarnos para conocer sus funciones y las operaciones que realiza.

Los bancos centrales actúan como banco de los bancos y como banco del Estado, compran y venden las monedas extranjeras, supervisan el sistema financiero, autorizan la emisión de billetes y monedas y dirigen la política económica. 

La denominada “facilidad de crédito” de los bancos centrales funciona como una caja fuerte en la que los bancos comerciales  pueden alojar sobrantes de liquidez. En los momentos en que la economía marcha bien, su uso disminuye. Cuando hay más tensión de financiación, sin embargo, como ha sido habitual en los últimos tiempos, las entidades financieras recurren al banco central  tanto para conseguir financiación como para alojar unos excedentes que, con las dudas que suscita el sector, prefieren no prestar a sus colegas por lo que pudiera pasar.

En cada país existe un banco central. El nuestro es el Banco de España, que forma parte del Sistema Europeo de Bancos Centrales, encabezado por el Banco Central Europeo, que actúa a través de los bancos centrales de los países miembros.

En su faceta activa, el banco central concede créditos al sector privado (Bancos), al sector público (Estados), dispone de activos extranjeros (divisas) y es propietario de bienes reales (inmuebles, por ejemplo). 

Anota en el pasivo de su balance el efectivo (billetes y monedas) que posee el público, el efectivo en caja de los bancos, los depósitos (cantidades recibidas) de los bancos comerciales y el capital propio de la entidad.

El efectivo en circulación en manos del público (Ep) y en las cajas de los bancos y los depósitos en el banco central son de uso inmediato para los poseedores. Se denominan pasivo monetario y constituyen la base monetaria (BM). 

Dado que el efectivo en caja de los bancos y los depósitos en el banco central son los activos de caja (líquidos) de los bancos comerciales (ACB), la base monetaria se define también como 

                                                    BM = Ep + ACB

Se llama también dinero de alta potencia porque es el soporte de la creación de dinero por los bancos comerciales en base a la expansión múltiple de los depósitos, un proceso que trataremos de explicar en una próxima entrada.

domingo, 7 de agosto de 2011

LA DEUDA EXTERNA

Decíamos en la entrada anterior que la acumulación de déficits de financiación lleva a un país a endeudarse con el exterior. Este es el caso de España, cuya deuda neta con otros países ha alcanzado en marzo de 2011 un billón de euros, que equivale aproximadamente al producto bruto del país de un año ¿Cómo se llegó a ella? 

A raíz del ingreso de España en la zona euro se generó una dinámica de crecimiento basada en los bajos tipos de interés. Aunque la inversión se disparó tanto en el sector público como en el privado, la deuda privada es la que constituye hoy día el mayor lastre. Se acumuló principalmente a raíz de la burbuja inmobiliaria, destacando el espectacular aumento que tuvo desde 1999, cuando llegaba a los 18.000 millones de euros, hasta alcanzar la desorbitada cifra de 637.000 millones en 2007 

En el siguiente gráfico se indica la evolución de la deuda externa española en porcentaje del PIB:

DEUDA EXTERIOR NETA
% PIB

La deuda externa de un país comprende todas las obligaciones que van a dar lugar a pagos por amortización e intereses. Por lo tanto, incluye todos los instrumentos financieros, excepto las participaciones en el capital de los extranjeros en empresa del país, ya que no suponen, necesariamente, la realización de pagos.

España se ha situado entre los países del mundo con mayor deuda externa. La lista de deudores la encabeza EEUU, el país que más necesita del ahorro exterior.

¿Por qué no se cortó a tiempo la burbuja inmobiliaria? Según el documento elaborado por la Plataforma Pro-Movilización Ciudadana ¡Democracia Real Ya!(DRY), “Las razones por las que los poderes públicos (Gobierno) y los reguladores (Banco de España) consistieron que ocurriera tal disparate no son claras Lo más probable es que se tratara de una mezcla de ignorancia, exceso de confianza en un sistema que parecía estable y cortoplacismo político”

El Informe DRY reconoce dos problemas centrales en esta deuda: por un lado el elevado y creciente coste en intereses que implica su servicio. A un coste del 5% anual, por ejemplo, implica una salida del país de 50.000 millones de euros, cifra que equivale al salario anual de 2,2 millones de trabajadores españoles que ganen en promedio 23.000 euros 

El segundo problema es que una parte de esta deuda presenta vencimientos en el corto plazo, lo cual genera temores en vista de las dinámicas vividas por Grecia, Irlanda o Portugal.

La propuesta de DRY incluye la constitución de una banca pública como instrumento básico para hacer de contrapeso y evitar posibles abusos de los grandes bancos. Se podría así controlar que el destino de los préstamos concedidos atendiese a los intereses estratégicos del país y, además, se protegerían los intereses de los ahorradores.

martes, 2 de agosto de 2011

NECESIDAD DE FINANCIACIÓN


Cuando un país gasta más de lo que produce, el exceso de gasto debe financiarlo recurriendo a capital extranjero. Es lo que les ocurre a algunos países, España entre ellos, que sigue teniendo que financiarse en los mercados exteriores, a costa de pagar elevados intereses.

Esta necesidad de financiación externa se da, en terminología económica, cuando el ahorro total del país no es suficiente para financiar el nivel de inversión que está requiriendo la actividad desarrollada por el país. Si se produce la situación inversa, decimos que hay capacidad de financiación.

Podemos utilizar la información que ofrece el Instituto Nacional de Estadística sobre el primer trimestre de este año para tener una idea del origen de la necesidad de financiación externa. La información desglosa por sectores la situación vivida en el período trimestral.

El sector institucional más necesitado de financiación fue el de las sociedades no financieras, las empresas productivas del país, con un saldo negativo de 9.632 millones de euros en el trimestre, derivado fundamentalmente del comercio exterior de bienes y servicios, lo cual quiere decir que importamos más de lo que, en conjunto, exportamos y nos compraron los turistas.

Las administraciones públicas, incluyendo los niveles estatal y local, siguen en importancia, con un déficit presupuestario de 6.283 millones, y a continuación se sitúan las familias, con sus compromisos hipotecarios, por 3.790 millones de euros.

En sentido contrario, las instituciones financieras, bancos y otras entidades de crédito, han tenido en el período capacidad de financiación de 3.410 millones de euros.

Como resultado de la actuación de todos los sectores, la economía del país ha tenido en el primer trimestre una necesidad de financiación frente al resto del mundo de 16.295 millones de euros, una cifra que representa un 6,2% del PIB trimestral, siete décimas más que en el primer trimestre del año anterior.


El gráfico indica la evolución de las necesidades de financiación anuales de la economía española, que alcanzó su nivel más elevado en el 2008, al comienzo de la crisis financiera.

En un próximo escrito trataremos de la deuda neta que se ha acumulado al tener que atender esas necesidades de financiación. También nos ocuparemos de su distribución por sectores y los temores que despierta.

DEFICIT PÚBLICO Y DESEMPLEO

Las autoridades europeas están presionando a los gobiernos de la zona euro para que reduzcan los déficits fiscales de los Estados hasta situarse en el 3% del PIB, nivel máximo acordado entre los países miembros. El déficit presupuestario supone que los gastos de las administraciones públicas son mayores que los ingresos fiscales, lo cual obliga a los Estados a endeudarse.

El problema es que la crisis financiera que tenemos encima ha incrementado el desempleo notablemente. En la mayoría de los países ha alcanzado el 10% y, en el caso de España, dobla ese porcentaje. El paro se ha convertido así en la primera preocupación de los países y los gobernantes se sienten obligados a tomar medidas para aliviar la situación.

Se les pide que actúen en dos frentes: reducir el déficit para atender la petición de los inversores financieros y reducir también el desempleo para hacer frente al malestar de los ciudadanos. ¿Se pueden conseguir los dos objetivos al mismo tiempo?

Para reducir el déficit pueden tomarse dos medidas: bajar el gasto y aumentar los impuestos. Vamos a suponer que se opta por la primera y veamos lo que deducimos del análisis económico.

La renta o producto de un país (Y) es la suma del gasto en consumo (C), la inversión privada (I), el gasto público (G) y las exportaciones netas (Xn), siendo éstas últimas la diferencia entre exportaciones e importaciones

A su vez el consumo (C) tiene dos componentes: una cantidad mínima para cualquier nivel de renta (A) y un aumento proporcional de consumo con el incremento de renta que llamamos propensión marginal al consumo (b). Por tanto, “b” es igual al incremento de consumo dividido entre el incremento de renta, que representamos como “ΔC/ΔY”. Supongamos que b=0,80, es decir, que si se incrementa la renta de las familias en 100, el consumo aumenta en 80.

Dejando a un lado la inversión y el comercio exterior,

Y = C + G; Y = (A + bY) + G ; Y – bY = A + G ; Y(1-b) = A + G ; Y = [1/(1-b)]*(A+G)

Utilizando el signo de incremento Δ, si únicamente se modifica el gasto público (G):

ΔY = [1/(1-b)]*ΔG.

Una reducción del gasto en retribuciones a los funcionarios, pensiones de los jubilados y otros conceptos, por ejemplo, de 20 mil millones de euros:

ΔY = [1/(1-0,80)]*(-20) = - 100

Es decir, una reducción de gasto público de 20 mil millones origina un descenso de la renta de 100 mil millones y un descenso de renta sabemos que afecta negativamente al empleo, porque se habrá reducido la producción del país en bienes y servicios, con lo cual se habrá utilizado menos factor trabajo.

Si no se modifica el importe de los gastos públicos (G), la alternativa para reducir el déficit es aumentar los impuestos (T), pero el incremento de impuestos reduce los ingresos de los ciudadanos, (Y-T) ¿Qué ocurre en este caso con la renta del país?

Dejando a un lado, como antes, las inversiones privadas y el comercio exterior:

Y = [A + b(Y-T)] + G

Como únicamente varían los impuestos: ΔY = b(ΔY – T) y operando

ΔY = [1 – 1/(1-b)]*ΔT

Si suponemos que los impuestos aumentan en 20 mil millones de euros, el resultado será:

ΔY = [1-1/(1-0,8)]*20; ΔY = -80

Es decir, la renta del país se reduce en 80 mil millones de euros, lo que aumentará el nivel de desempleo.

La conclusión resulta evidente: los intentos de reducir el déficit afectarán negativamente al empleo.

Es que, como ya sabemos, la reducción del desempleo tiene su propia lógica económica: incremento del gasto, que crea renta; incremento de renta, que aumenta las ventas, y ventas de las empresas, que elevan la contratación de trabajadores.