martes, 31 de mayo de 2016

LA ESTRUCTURA PRODUCTIVA

Las variables que con mayor frecuencia se utilizan para analizar la estructura productiva de un país son la participación de los distintos sectores en la generación del Producto Interior Bruto (PIB)  y el porcentaje de población ocupada en  cada uno.

El siguiente cuadro nos da una perspectiva de la evolución sectorial de la economía española en porcentajes sobre el PIB:


Vemos, por una parte, la caída continuada de la participación en el PIB de la Agricultura y de la Industria y, por otra,  el notable incremento del sector Servicios. La Construcción tiene un comportamiento derivado de la burbuja inmobiliaria, que elevó su participación en los años previos a la crisis y determinó su hundimiento al desinflarse.

En cuanto a la ocupación, la siguiente tabla muestra la distribución del empleo en España en lo que llevamos de siglo en porcentajes sobre el PIB:


La interrelación entre las dos variables (producción y empleo) nos muestra la baja productividad de la agricultura y de los servicios en comparación con el sector industrial.

El sector primario ha sido básico en España, pero hoy día su aportación al PIB no supera el 2,5% y da empleo al 4,3% de la población ocupada. El subsector agrario está muy diversificado; en la ganadería destacan las producciones de  porcino, leche y  ganado vacuno, y en la pesca es la insuficiencia de oferta la que limita la producción, debido a la dificultad de acceso a los caladeros ajenos y al agotamiento de los recursos propios y ajenos.

La industria española, sector que en la década de 1980 representaba en torno al 25% del PIB, tiene una clara especialización, en cuanto a la aportación al PIB, en las ramas de alimentación y bebidas, productos metálicos y fabricación de material de transporte. Son también importantes las ramas del papel y de la química.

En términos de empleo, las ramas más intensivas en mano de obra son la madera, el corcho y el textil, pero tienen escasa relevancia en la aportación al PIB.

En cuanto al sector servicios, su incremento en la composición del PIB, la llamada “terciarización” es un fenómeno habitual en el proceso de desarrollo de los países. En el caso de España, una parte importante de la inversión en otros países se realiza en sectores terciarios, tales como banca, ingeniería, gestión y construcción de infraestructuras, telefonía, seguros y hoteles, en los cuales el país cuenta con empresas capaces de competir en los mercados internacionales. 

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