martes, 24 de noviembre de 2015

LA EXPANSIÓN MONETARIA

La política monetaria de la Eurozona es gestionada por el BCE, que junto con los bancos centrales nacionales, forman el denominado “Sistema Europeo de Bancos Centrales”. La diferencia con otros bancos centrales, tales como la Reserva Federal estadounidense y el Banco de Inglaterra, es que estos dos últimos van más allá de gestionar el tipo de interés y utilizan políticas de estímulo para alcanzar el máximo nivel de empleo.

El objetivo prioritario de la política monetaria del BCE, fijado en sus estatutos, es mantener el poder adquisitivo de la moneda única y, de este modo, la estabilidad de los precios, que se define como un incremento interanual del IPC en torno al 2%. Como objetivo secundario, el BCE apoya las políticas económicas encaminadas a mejorar el nivel de empleo y alcanzar un crecimiento sostenido no inflacionista.

Las ganancias o pérdidas de competitividad entre los miembros de la Eurozona por diferencias en los niveles de inflación están siendo gestionadas con decisiones económicas internas por los países afectados, imponiendo medidas de austeridad, que han afectado sobre todo a las partidas presupuestarias de gasto social.

Las autoridades financieras suelen seguir dos tipos de estrategias para alcanzar el objetivo de la estabilidad de los precios: a) fijar un objetivo monetario, anunciando el banco central una tasa de incremento de la cantidad de dinero y b) establecer la senda deseada para la futura inflación, tomando las medidas correctoras necesarias.

El BCE ha optado por un enfoque intermedio, con elementos de las dos estrategias que hemos indicado, aduciendo que actualmente los datos empíricos disponibles en los países de la Eurozona no son suficientemente fiables, debido a la ruptura estructural que supuso la irrupción de la moneda única en el entramado europeo. 

Para garantizar la estabilidad de los precios se disponen de tres instrumentos de política monetaria: a) las operaciones de mercado abierto, que consisten en la compraventa de bonos, inyectando o detrayendo dinero, para controlar los tipos de interés del mercado; b) las facilidades permanentes, que tienen por objeto gestionar la liquidez, concediendo préstamos a los bancos a un día o aceptando depósitos en los bancos centrales de excedentes de liquidez y c) el mantenimiento obligatorio de reservas mínimas de dinero en las entidades financieras, a fin de estabilizar los tipos de interés del mercado a corto plazo.

El BCE está utilizando el primero de los instrumentos citados, el programa de expansión monetaria, consistente en la compra de activos públicos y privados, a razón de 60.000 millones de euros mensuales, con una proporción de títulos públicos del 80%. Por lo tanto, sigue en la línea de ampliar su balance hasta la cifra prevista de 1,1 billones de euros en septiembre de 2016.

En cifras acumuladas, como observamos en el siguiente gráfico, en los ocho primeros meses del programa, el BCE compró cerca de 400.000 millones de euros de bonos públicos, con un vencimiento en torno a 10 años en el caso de los títulos de España.



Ante el recrudecimiento de la crisis de deuda, que disparó el año pasado las primas de riesgo de países como España e Italia hasta niveles superiores al 6%, el BCE dio un golpe de efecto declarando que “haría todo lo que hiciera falta para salvar al euro”. Las primas de riesgo fueron descendiendo y, tras el programa de compras de deuda pública, la prima española a 10 años ha descendido hasta los 1,1%, ayudada por la mejora del rating soberano otorgado por la agencia S&P.


La semana pasada anunció Draghi que se tomarán medida para subir la inflación, dando un paso adicional en la política expansiva. Parece que no son buenas las perspectivas económicas cuando hasta el presidente del Bundesbank alemán admite que la inflación está lejos de volver a los niveles cercanos al 2% y reclama a su propio Gobierno inversiones en infraestructuras, es decir, una política fiscal más expansiva.

martes, 17 de noviembre de 2015

ESTRUCTURAS DE MERCADO

La política de defensa de la competencia trata de ejercer un papel determinante en el correcto funcionamiento de los mercados. En los últimos años, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) española y la Comisión Europea han adoptado decisiones en relación con infracciones de las leyes en materia de competencia y en el control de fusiones y adquisiciones. El objetivo es que las estructuras respondan al funcionamiento de una economía de libre mercado. 

Cuando existen muchos compradores y vendedores de un producto, sin que ninguno represente una gran proporción del mercado, los vendedores no pueden influir en el precio, pero logran vender toda su producción. Este es un mercado de “competencia perfecta”. Por ejemplo, miles de agricultores producen trigo, que es adquirido por miles de compradores para producir harina y otros productos. Por tanto, se supone que ningún agricultor ni comprador puede influir en el precio. 

En cambio, cuando hay unas pocas empresas que fabrican para cierto mercado influyen sobre los precios de los productos, pero si quieren vender mayor cantidad tienen que reducir los precios. Se dice que funcionan como “competencia imperfecta”.

En este tipo de mercados puede haber un productor único (monopolio) o unas pocas empresas importantes (oligopolio). Cuando se producen economías de escala (disminución del coste unitario al aumentar la producción) a nivel de la empresa, es habitual que se reduzca el número de supervivientes y cada una produzca un bien que se diferencia del fabricado por sus competidores (competencia monopolística).

El monopolio 

El monopolio es un caso extremo de competencia imperfecta. Una única empresa atiende toda la demanda de un producto, controlando el precio y las demás condiciones de venta. Esta situación suele darse cuando una entidad controla en exclusiva un recurso necesario para llevar a cabo la producción. También puede suceder que la empresa tenga la patente o los derechos legales para comercializar el producto.

La posición de poder del monopolista suele perjudicar a los consumidores porque mantiene los precios altos y produce una cantidad inferior a la demanda potencial del mercado. Por ejemplo, en España, la distribución de luz de alto voltaje está en manos de Red Eléctrica de España, de carácter semipúblico.

Para corregir las ineficiencias provocadas por la existencia de los monopolios, los Gobiernos suelen adoptar diferentes medidas, tales como la regulación de precios, promoción de empresas públicas y legislación antimonopolio.

El oligopolio

En el oligopolio, las empresas ofrecen productos con poca diferenciación y se reparten el mercado entre unas pocas entidades. Las inversiones necesarias para competir en el mercado son tan elevadas que resultan accesibles únicamente para grandes corporaciones. Un ejemplo conocido de oligopolio lo constituyen las empresas de telefonía móvil, en el que una media docena se reparten la demanda del mercado.

Para medir si existe o no oligopolio se utiliza el "coeficiente de concentración de las cuatro mayores empresas de un tipo concreto de producto o servicio, calculando la cuota de mercado que representan. Cuanta más elevada es la cuota más evidente es el funcionamiento oligopolístico. 

Las empresas de este tipo de mercado pueden llegar a acuerdos entre ellas, repartiéndose la demanda, para subir los precios y limitar la producción. Cuando el acuerdo es formal se conoce como cártel. Es el conocido caso de la OPEP, que condiciona el precio internacional del petróleo. En algunos sectores se reconoce que hay un líder informal que fija los precios y es seguido por los otros productores.

En España funcionan con estructura de oligopolio unos mercados tan importantes como el energético y el petroquímico. Las consecuencias son que se encarece el nivel de vida para los ciudadanos, aumentan los costes de la energía para otros sectores productivos y las empresas suministradoras aumentan los beneficios a base subir los precios

La competencia monopolística

En la siguiente imagen tenemos marcas muy conocidas de empresas que operan en competencia monopolística, un modelo que está entre la competencia perfecta y el monopolio. 


En este tipo de competencia hay muchos productores y los productos que venden se diferencian entre ellos. Ejemplos cercanos serían la ropa, el calzado y los restaurantes.

La diferenciación consiste en tratar de que el consumidor perciba el producto de la empresa como diferente del resto de bienes similares. La diferencia puede deberse a la calidad, al diseño o la imagen de marca que proyecta la empresa. El coste de la diferenciación será compensado con creces por el mayor precio que el producto estándar. Es el caso de las bodegas de vinos con denominaciones de origen de prestigio. 

A corto plazo pueden comportarse como monopolísticas, usando su poder para generar mayores beneficios, pero a largo plazo, con el señuelo de las altas ganancias, entrarán en el sector otras empresas, que forzarán a comportarse de modo más cercano a la competencia perfecta. 

La mayor apertura a la competencia se produjo en España a partir de la entrada en vigor del Mercado Único Europeo, en 1993, cuando se aceleró el desarme arancelario, poniendo en funcionamiento procesos de liberalización en el transporte aéreo y de mercancías por ferrocarril, distribución de carburantes, telecomunicaciones y sector eléctrico. 

martes, 10 de noviembre de 2015

ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN

Los demógrafos indican que nos encontramos hacia el final de la etapa de transición demográfica, con un estancamiento del tamaño de la población y un aumento de la esperanza de vida, que está acelerando el envejecimiento.

La transición demográfica es un  proceso que ocurre en los países a medida que avanzan en el nivel de desarrollo: las tasas de mortalidad y de natalidad disminuyen de manera importante

La transición ha concluido en gran medida en los países desarrollados, pero prosigue en los que están en vías de desarrollo. El elevado crecimiento de la población de algunos países se debe a que han descendido las tasas de mortalidad más deprisa que las de natalidad,  señal de que la transición demográfica no ha terminado.

La longevidad, que apenas cambió hasta el siglo XVIII, está aumentando en las últimas décadas, sobre todo en el mundo desarrollado. La tasa de mortalidad en España (número de personas fallecidas por cada mil habitantes), que era de 8,60 en 1960, descendió hasta 8,46 en el año 2014,  y la esperanza de vida se ha elevado hasta los 80 años en los hombres y 86 en las mujeres. Solo Japón se sitúa por delante de España en esperanza de vida al nacer.

La disminución de la mortalidad se debió a tres factores: la mejora del nivel de vida, sobre todo de la alimentación; las medidas de salud pública, como el suministro de agua potable, alimentos sanos y drenaje de ciénagas, y el avance de los tratamientos médicos.

La natalidad también ha descendido aceleradamente en el mundo desarrollado en el último siglo, pasando de más de cinco hijos por mujer en 1964 a menos de dos en la actualidad. El índice de fecundidad  (número de hijos por mujer) en España es de 1,32. Un índice de fecundidad inferior a 2,1 por mujer (fecundidad de reemplazo) no mantiene estable la pirámide de población.

Como una imagen del envejecimiento en España, en el siguiente gráfico tenemos la evolución de la edad media de los hombres y las mujeres. Observamos que en los últimos 17 años la edad media ha aumentado aproximadamente 3 años, es decir, algo más de 2 meses por año.


Un informe de Naciones Unidas, “Perspectivas de la Población Mundial 2015”, augura cierto descenso de habitantes en algunas zonas geográficas, que puede extenderse también a la Eurozona en el 2030.

En el caso de España,  al final de 2014, la población  era de 46,6 millones, con un descenso del 0,4% sobre el año anterior. Los extranjeros registrados suponían un 10,5%.

Una menor población puede ocasionar la reducción de la oferta laboral, la disminución del consumo y la caída de la inversión, todo lo cual llevaría a un menor Producto Interior Bruto.

Pero hay que contar con los avances tecnológicos, que  pueden llevar al aumento de la productividad, incrementando la capacidad productiva de las personas empleadas, que son las que sostienen a la población inactiva. Algunos economistas apuntan a una menor necesidad de población activa en las próximas décadas, precisamente por el incremento de la productividad y la organización basada en la tecnología.

En cualquier caso, se debe tener en cuenta que el envejecimiento de la población y el aumento del ratio de dependencia de los inactivos respecto de los empleados puede también aumentar el gasto público en pensiones, salud y dependencia.

La inmigración puede suavizar los efectos negativos del cambio demográfico en los países desarrollados, pero los flujos migratorios dependen tanto de las condiciones que concurren en las naciones de origen como de la acogida y las políticas de integración que apliquen las comunidades  receptoras. La mayoría de los inmigrantes que llegan a Europa están en edad de trabajar, por lo que, si se les facilita la integración en el mercado laboral, pueden retrasar el impacto económico del envejecimiento.


El caso alemán es significativo. Según el ministro de Economía,  el país está afrontando la llegada masiva de inmigrantes como el mayor reto desde la reunificación. Los cerca del millón de refugiados que se esperan van a suponer un coste añadido al principio, pero el ministro cree que pueden ser la clave para aumentar la población activa y mantener la sostenibilidad del sistema a medio y largo plazo, cuando se incremente notablemente la población jubilada y pensionista. 

martes, 3 de noviembre de 2015

LA CONVERGENCIA REAL EN EUROPA

Dadas las grandes diferencias que había en las variables macroeconómicas entre los países europeos en los años 1990, especialmente en cuento a inflación y déficits públicos, en el Tratado de Maastricht se establecieron algunos criterios de convergencia que tenían que cumplir los países que deseaban integrarse en la Unión Económica y Monetaria (UEM).

Los criterios que se adoptaron fueron de convergencia nominal y se referían a la estabilidad del tipo de cambio, a los tipos de interés a largo plazo, a las tasas de inflación, al déficit y a la deuda pública.

El Banco Central Europeo (BCE) se ha fijado ahora en la convergencia real, la que se mide con la renta por habitante, en términos de paridad de poder adquisitivo, entre los doce países que adoptaron el euro en los primeros años. El BCE constata la falta de convergencia, que lo atribuye al escaso crecimiento de la productividad en algunos países, a las rigideces estructurales y a la ausencia de políticas para atajar los incrementos de precios de los activos.

Recordemos que uno de los argumentos que más se utilizaron para crear el euro fue precisamente que la nueva moneda impulsaría la convergencia,  pero se reconoce que no se han conseguido corregir las diferencias de rentas medias entre los países fundadores de la Eurozona.

Sin embargo, en el conjunto de la Unión Europea (UE-28) ha habido un acercamiento en la renta por habitante en términos de paridad de poder adquisitivo. Las economías de renta más baja han crecido más rápidamente que las de renta alta.
La línea verde del gráfico representa la desviación en la renta por habitante respecto a la media del conjunto de la UE-28. Observamos que en el año 2000 la desviación estándar alcanzó los 38.000 euros y que ha ido descendiendo hasta quedar cerca de 25.000 en el año 2014.

En cambio, en los 12 países que comparten el euro desde 2001 (línea azul), con una  desigualdad mucho menor que en el conjunto de la UE-28, se ha mantenido la desviación en torno a 19.000 euros y llegó a superar los 20.000 en el año 2014. Por lo tanto, el euro no ha favorecido la convergencia, sino que ha producido una ligera divergencia.

En el siguiente gráfico presentamos el caso de España, comparando el PIB por habitante en términos nominales en relación con la UE-28

Como muestra el gráfico, el PIB per cápita se encontraba en el año 2001 al 99% de la media y fue ascendiendo hasta superar a la europea (105%), pero tras la crisis del euro de 2010, con el alto nivel de deuda y la política económica de austeridad, volvió a caer por debajo de la media europea. 





martes, 27 de octubre de 2015

EL COMERCIO INTERTEMPORAL

Además de las transacciones comerciales de productos y servicios, los países vienen realizando de hecho un  tipo de comercio que se caracteriza por ejecutarlo a lo largo del tiempo, representado por los préstamos y el endeudamiento internacionales. Es el denominado “comercio intertemporal”.

Recordemos que la condición de equilibrio de la balanza por cuenta corriente de un país establece que el conjunto de las exportaciones (X) menos las importaciones (M ) -con el añadido de servicios, rentas y transferencias- es igual al ahorro privado (S) más el ahorro público (T-G) menos las inversiones (I). Es la conocida expresión  X - M = S + (T-G) – I, siendo (T-G) el ahorro público.

Por tanto, el saldo de la balanza por cuenta corriente (primer miembro de la ecuación)  es igual a la diferencia entre el  ahorro y la inversión (segundo miembro), lo que implica, si esa diferencia es negativa, un endeudamiento neto del país con el resto del mundo. En el caso contrario, un país que invierte menos de lo que ahorra tiene una balanza excedentaria y concede préstamos al exterior.

Los préstamos y las deudas pueden considerarse, por lo tanto, como otro tipo de comercio, con la diferencia de que, en lugar de intercambiar bienes en un momento dado, se intercambian “bienes hoy” a cambio de “bienes en el futuro”.

Cualquier país tiene que elegir entre el consumo actual de la renta y el ahorro de una parte para realizar inversiones (edificios, equipos productivos, etc.), a fin de aumentar la capacidad productiva e incrementar así el consumo en el futuro. La elección es, por tanto, entre “consumo presente” y  “consumo futuro”.

Un país comercia de hecho a través del tiempo aceptando un préstamo o prestando a otros países. En el primer caso podrá gastar más de lo que produce, pero como tendrá que devolver el préstamo con intereses, en el futuro consumirá menos que la renta generada. Si consideramos a “r” el tipo de interés real del préstamo,  una unidad de consumo presente equivaldrá a (1+r) unidades en el futuro.


Centrándonos en el caso de la economía española, el gráfico muestra que  el país tuvo  en el período 2000-2011 elevados déficits en la balanza por cuenta corriente+capital. España no fue capaz de reducir el consumo y ahorrar lo suficiente para financiar la enorme inversión, por lo que tuvo que endeudarse con el resto del mundo.

Una parte importante de las inversiones  españolas no se orientaron a instalaciones y equipamiento para mejorar la capacidad productiva, sino que se centraron en el sector de la construcción.  El pinchazo de la burbuja inmobiliaria se llevó por delante gran parte de los frutos del esfuerzo inversor y el PIB llegó a descender en torno al 8%.

El exceso de inversión en el período de la burbuja inmobiliaria, al no compensarse con suficiente ahorro interno (menor consumo), está suponiendo de hecho una reducción del consumo (más dedicación al ahorro) en los años siguientes. Con rentas en descenso, una parte del ahorro se ha dedicado a reducir el endeudamiento de familias y empresas.

Como vemos en el gráfico, en los años 2013 y 2014 se consiguieron  superávits de financiación, lo que quiere decir que ha sido posible comenzar a devolver la deuda externa española. Este año continúa el superávit, puesto que en el segundo trimestre se había logrado una capacidad de financiación del 1,8% del PIB.


Harán falta muchos años de ahorro (menor consumo) para reducir de modo significativo  la deuda externa del 93,5% del PIB actual, al menos hasta el nivel admitido por la Comisión Europea (35%).  

martes, 20 de octubre de 2015

ECONOMÍAS DE ESCALA EXTERNAS

Muchos sectores industriales se caracterizan por tener rendimientos de producción crecientes. Cuando aumenta el nivel de actividad y se utiliza mayor cantidad de los factores, la producción crece más que el incremento de los recursos. Se dice que existen “economías de escala”.

Se pueden distinguir dos tipos: a) economía de escala externas, que son las que  se producen cuando el coste por unidad depende del tamaño del sector o conjunto de empresas que se dedican a cierto tipo de producto, y b) economías de escala internas, si el coste unitario depende del tamaño de la empresa individual.

Cuando las ventajas de escala son externas y no se producen por la dimensión de las empresas individuales, el sector suele estar formado generalmente por pymes. En cambio, si las economías de escala son de tipo interno, lo habitual es que existan grandes empresas que alcancen ventajas de costes sobre las “pymes”,y en tal caso, la estructura de mercado se sitúa en el ámbito de la competencia imperfecta (oligopolios frecuentemente)

Deteniéndonos en las economías de tipo externo, es conocido que la concentración de la producción de empresas “pymes” con cierto tipo de producto en unas localidades cercanas entre sí suele conseguir que se reduzcan los costes del conjunto de todas ellas.


Como se ve en el conocido gráfico, dado que existen economías de escala, el coste medio de producción (CM) de cada unidad disminuye a medida que aumenta la cantidad. Es una curva de oferta de pendiente negativa. El nivel de equilibrio se da donde la curva de oferta corta a la de demanda (posición P1Q1).

Hace más de un siglo tales zonas de concentración se llamaban “distritos industriales” y estaban caracterizadas generalmente por la existencia de ciertos recursos naturales.

Actualmente, las concentraciones o aglomeraciones territoriales de empresas son conocidas con el nombre de “cluster” (conjunto o grupo). Este concepto fue estudiado por Michael Porter en los años 1990 y hace referencia al potencial de las instituciones interconectadas en un campo particular concreto, bien operando en un mismo nivel (“cluster” horizontal), o bien, en forma de cadena de suministros (“cluster” vertical)

Como explicación básica para la existencia del conjunto de empresas de actividad similar concentradas geográficamente, el economista británico Alfred Marshall planteó a comienzos del siglo XX tres razones: a) la presencia de proveedores especializados, porque se agranda su mercado con la concentración de empresas; b) la posibilidad de contar en la zona con trabajadores preparados, atraídos por la facilidad de empleo que ofrece un amplio número de empresas, c) la facilidad para difundir el conocimiento que se va creando, a través del intercambio informal de información e ideas que permite la convivencia entre las personas

Seguramente, las economías externas más importantes se deban hoy día a la acumulación de conocimientos, porque la mejora que consigue en el producto o en la  técnica de producción una empresa por medio de su experiencia es imitada por otras empresas.

La difusión del conocimiento hace que se reduzcan los costes de producción de las empresas individuales a medida que el sector industrial específico acumula experiencia.  Esta trayectoria recibe el nombre de “curva de aprendizaje”

martes, 13 de octubre de 2015

LOS CICLOS ECONÓMICOS

Los ciclos económicos son oscilaciones de la actividad económica que afectan a las principales variables macroeconómicas, tales como el Producto Interior Bruto (PIB), el empleo y el nivel de precios.

Los ciclos se suelen dividir en  cuatro componentes: a) recuperación, en el que se da la reactivación económica; b) expansión, con un crecimiento prolongado de las macromagnitudes; c) desaceleración, proceso en el que se ralentiza el crecimiento, y d) recesión, crecimiento negativo durante al menos dos trimestres consecutivos. El término depresión se reserva para la recesión grave.

Las fluctuaciones económicas a corto plazo dependen fundamentalmente del comportamiento de dos variables: la producción de bienes y servicios, medido por el PIB, y el nivel general de precios, recogido en el “Índice de Precios de Consumo” y el “deflactor del PIB” (crecimiento de precios en los bienes y servicios producidos)

En el siguiente gráfico tenemos el “Indicador CF” (Comité de fechado) de la Asociación Española de Economía, que señala la evolución de los ciclos económicos en España desde 1984.


El indicador compuesto CF se nutre principalmente de la información del PIB, pero toma en cuenta también otras series económicas, tales como el Índice de Producción Industrial (IPI), los Afiliados a la Seguridad Social y el Índice de Gestores de Compras “Purchasing Managers Index” (PMI).

Este indicador compuesto ofrece una lectura fácil del estado del ciclo económico: los valores positivos altos anuncian situaciones de expansión y los más negativos son señales de la caída en una fase recesiva.

En 1984 se inició en España un ciclo de once años de duración, que fue impulsado por el crecimiento internacional de los años 1980, así como por las oportunidades que trajo la adhesión española a la Comunidad Económica Europa, tanto por la mayor apertura a los mercados que supuso como por la llegada de transferencias y ayudas de las instituciones europeas. El punto más alto se alcanzó en 1989.

Desde 1995 hasta 2007 se desarrolló otro ciclo que mantuvo la serie por encima del cero tendencial en gran parte del recorrido, con una recesión pequeña en el intermedio (2001-2002). La entrada en el euro facilitó la financiación de las empresas, hasta que llegó  la explosión de la burbuja inmobiliaria.

España entró en una nueva recesión en el segundo trimestre de 2008, mostrando signos de recuperación al inicio de 2010, y volvió posteriormente a caer en recesión a finales de dicho año. Esta segunda recesión terminó en el segundo trimestre de 2013 y desde entonces el PIB está incrementándose.

La crisis iniciada en el 2008 ha sido más profunda que las padecidas en las décadas anteriores, pero no ha alcanzado la gravedad de la conocida como la Gran Depresión de 1929. Han sido precisamente las lecciones aprendidas durante ella las que han guiado las acciones de los gobiernos y de los bancos centrales para mitigar las consecuencias de la recesión posterior a la burbuja inmobiliaria.

Como los ciclos económicos siguen pautas irregulares, predecir cuándo terminará una expansión y cuando se iniciará una recesión resulta muy difícil. Cada ciclo es distinto y los economistas tienen serias dificultades para predecir su evolución futura. Así, en la última crisis, un suceso tan inesperado como la quiebra de Lehman Brothers vapuleó el sistema financiero y las empresas se quedaron sin financiación para llevar a cabo sus actividades. El comercio internacional cayó en picado.

Millones de personas en todo el mundo perdieron los trabajos, descendieron sus ingresos y cayó el nivel de vida. El subsidio de desempleo permitió contar con cierta protección en los países desarrollados, pero en las economías pobres se quedaron  sin renta numerosas familias.


Para prevenir otra crisis, muchos economistas recomiendan  regular la actividad del sistema financiero, reduciendo su tamaño y su complejidad. La banca debe dedicarse a gestionar el dinero y los medios de pago, canalizando el ahorro hacia la inversión y favoreciendo el desarrollo de la economía productiva, una actividad que algunos denominan “banca aburrida”, pero es justamente la que le corresponde en el entramado económico.