martes, 19 de febrero de 2019

JORNALEROS DIGITALES


Las transformaciones en el mundo del trabajo que se están produciendo derivan de los cambios en la estructura de las economías con la transición de la agricultura y la industria a los servicios, la presión de la globalización y los avances tecnológicos. Estas fuerzas globales ejercen una influencia importante en las organizaciones empresariales, que son las que eligen las modalidades de contrato laboral de sus empleados.

En las últimas décadas se está produciendo una transición hacia formas atípicas de empleo, entre las que destacan el empleo temporal, el trabajo a tiempo parcial, el trabajo temporal a través de agencias y las relaciones de trabajo encubiertas (falsos autónomos). El crecimiento de estas modalidades atípicas está provocando un aumento de la inseguridad para los trabajadores.

El avance tecnológico ha propiciado la aparición de las plataformas digitales, lugares de Internet que sirven para almacenar información, y funcionan con determinados sistemas operativos. Ejecutan programas o aplicaciones con diferentes contenidos, tales como textos, vídeos, juegos y otros.

El tipo de trabajo que generan las plataformas no se distingue mucho del que resulta de otras modalidades laborales que vienen funcionando desde hace tiempo. La diferencia es que utilizan como intermediaria una aplicación o herramienta digital.

Algunas plataformas se dedican a la asignación de microtareas, brindando a las empresas el acceso a una fuerza de trabajo amplia y flexible a la que ofertar la realización a distancia de tareas de escaso nivel, utilizando un ordenador e Internet. Pueden ser tareas de procesamiento de datos, transcripción de audio, traducción…



Las empresas publican en la plataforma los paquetes de tareas que deben realizarse y los trabajadores interesados seleccionan las que desean ejecutar, recibiendo un pago por su labor en base al precio indicado por la empresa, menos la comisión que cobra la plataforma.

En un reciente informe, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la agencia de la ONU que reúne a gobiernos, empleadores y trabajadores de 187 Estados miembros para establecer las normas del trabajo, pone el foco especialmente en estas plataformas, advirtiendo que los sitios web de microtareas y el trabajo mediante aplicaciones podrían recrear prácticas laborales que se remontan al siglo XIX, cuando prevalecía una estructura económica preindustrial.

El organismo internacional apunta que tienden a crear “jornaleros digitales”, con empleos sin protección social ni derechos laborales mínimos. Advierte que, si se deja a la economía digital que siga como hasta ahora, van a ampliarse las desigualdades.

Aunque en los países industrializados este tipo de empleo predomina en las ocupaciones de salarios bajos, en los países en desarrollo, el empleo ocasional representa una parte importante del empleo asalariado, pero además ha habido una proliferación del trabajo atípico en sectores donde el empleo a tiempo completo era más común, como en el sector público o el manufacturero.

La OIT recomienda establecer una “Garantía Laboral Universal”, para fijar unos derechos mínimos de los trabajadores, independiente de que tengan un empleo a tiempo completo o contrato temporal o que su trabajo consista en realizar microtareas online desde el domicilio para multinacionales, con derechos mínimos garantizados, entre los que se encuentran la libertad sindical, la negociación colectiva, un salario digno, la protección social y la limitación de las horas de trabajo.

La proliferación del trabajo atípico tiene consecuencias negativas también para la economía, tales como la escasa inversión en innovación y el estancamiento de la productividad, que tienden a reducir el rendimiento económico a largo plazo.











martes, 12 de febrero de 2019

FINANCIACIÓN A PAÍSES EN DESARROLLO

Los movimientos internacionales de capital han ido acelerándose en las últimas décadas. A mediados del siglo XX, los activos externos de los países representaban el 20% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial y en la actualidad superan el 150%. La integración financiera internacional se va intensificando y crece el tamaño del sistema financiero global.

Se considera que son dos los factores que han impulsado el flujo internacional de capitales: las innovaciones tecnológicas, que al reducir los costes de información y transacción han aumentado la rentabilidad de los flujos, y los procesos de liberalización de los movimientos financieros exteriores, que se iniciaron hacia 1970.

Los flujos de capitales se guían por las oportunidades de inversión internacional y las diferencias de las tasas de ahorro. Los flujos entre los países van en doble sentido, pero los valores netos quedan determinados por las diferencias en los tipos de interés de los países. La entrada de capitales es generalmente mayor en los países con tipos de interés más altos.

Además de la búsqueda del interés más elevado, los inversores tratan de diversificar para reducir riesgos. Se emprenden también inversiones internacionales como estrategia empresarial. Es el caso de los fabricantes de automóviles, que construyen plantas de montaje en diversos países.

En el caso de los países en desarrollo, según “World Economic Report”, un informe de la UNCTAD (ONU), los flujos de capital más importantes que les llegan son los de Inversión Extranjera Directa (IED), una modalidad de financiación a largo plazo y transferencia de tecnología, que puede permitirles la inserción en las cadenas de valor global.

En los años de crisis financiera, la financiación a largo plazo ha descendido notablemente, sobre todo la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), que representa la tercera parte de la recibida en forma de IED.


Tenemos en el gráfico la evolución en la última década de la financiación recibida por los países menos desarrollados. Destaca la Inversión Extranjera Directa (IED), seguida de las Remesas de emigrantes, Inversión en cartera (títulos), Préstamos bancarios y Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD)

Los estudios realizados por técnicos del FMI señalan que en los países catalogados como de “bajos ingresos” (menos de 1.000 dólares de renta media anual por habitante) harán falta 528.000 millones de dólares (0,5% del PIB mundial) para lograr un avance significativo hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) fijados para 2030 en términos de educación, salud, carreteras, electricidad, agua y saneamiento. Se estima que la tercera parte podría ser financiada con ingresos tributarios adicionales de los propios países, por lo que el sector privado, las AOD y las instituciones internacionales de financiamiento tendrán que financiar los restantes dos tercios del gasto.

A fin de presentar al sector privado oportunidades de inversión, se viene recomendando a los países receptores de fondos un esfuerzo en la mejora del entorno empresarial, el impulso de la formación de capital humano y la puesta en funcionamiento de políticas activas que permitan crear tejido productivo local.




martes, 5 de febrero de 2019

VENTAJA COMPARATIVA Y VENTAJA COMPETITIVA

El economista escocés Adam Smith, a finales del siglo XVIII, observó la tendencia a especializarse en la producción de los bienes que cada país podía obtener en mejores condiciones y comerciar con otras naciones para beneficio de todos. Es la clásica división del trabajo en función de las diferencias de recursos naturales, capital y trabajadores, basado en la ventaja absoluta.


Medio siglo más tarde, David Ricardo, también economista británico, avanzó hacia la teoría de la ventaja comparativa, señalando que, incluso si un país es más productivo que otro en todos los productos, le interesa dedicarse siempre al bien en el que comparativamente es más productivo.

La ventaja comparativa podemos experimentarla en la vida diaria. Un ejemplo es la contratación de una persona cuidadora de los hijos. Seguramente los padres serán mejores que una persona ajena a la familia en el cuidado de los niños y también con mayor nivel en la vertiente profesional, pero eligen trabajar en lugar de cuidar a los hijos porque tienen ventaja comparativa como profesionales: consiguen mayor retribución que el gasto por el cuidado de los hijos por otra persona.

El comercio internacional se rige por la ventaja comparativa. Para ver el significado de este concepto de modo práctico, veamos un ejemplo simplificado. Supongamos que dos países, ALFA y BETA , producen los bienes X e Y. En el siguiente cuadro tenemos los tiempos de trabajo por unidad de producto que necesitan los países:


Se puede observar que el país ALFA es más eficiente que BETA, dado que obtiene los dos productos en menor tiempo. Pero aunque tenga ventaja absoluta le interesará dedicarse al producto con mayor ventaja relativa y comerciar con el otro país.

Por tanto, necesitamos calcular los costes relativos en cada país de un producto respecto del otro



Vemos que, para ALFA, el coste relativo (también llamado coste de oportunidad), de producir una unidad del producto X es de 0,5, lo cual significa que para hacer una unidad de producto X renuncia a 1/2=0,5 del producto Y, puesto que en una hora puede hacer una unidad de producto X o 0,5 de producto Y. El coste relativo de fabricar el producto Y es 2/1=2, dado que para hacer una unidad de producto Y renuncia a obtener 2 de producto X. Razonando del mismo modo con BETA, el producto X tiene un coste de 3/4=0,75 y el producto Y es 4/3=1,3.

Como a cada país le interesa producir aquel bien que tenga menor coste de oportunidad (renuncia a menos), ALFA producirá el producto X y BETA el producto Y, intercambiándose los productos a través del comercio internacional.

Los expertos que estudian el comercio internacional han encontrado tres fuente básicas de ventaja comparativa. La primera es la diferencia en el clima. Por ejemplo, los países tropicales exportan productos tales como azúcar, café y bananas, en tanto que los situados en zonas templadas destacan por el grano de trigo y de maíz. Las diferencias de estaciones entre los hemisferios norte y sur tienen asimismo incidencia en el movimiento de mercancías

Otra fuente de ventaja comparativa es la diferencia en la dotación de factores productivos entre los diversos países. El modelo de los economistas suecos Heckscher-Ohlin señala que un país con oferta abundante de un factor de producción (tierra, trabajo, capital físico o capital humano) tendrá una ventaja comparativa en los bienes cuya producción sea intensiva en ese factor. Un ejemplo es el comercio internacional de ropa, que al ser intensiva en trabajo, tienen ventaja comparativa en países como China y Bangladesh, que cuentan con oferta de trabajo abundante.

Las diferencias en tecnología o técnicas utilizadas en la producción dan lugar también a la ventaja comparativa. A veces son los conocimientos acumulados por experiencia y en otras ocasiones se trata de innovaciones tecnológicas, que pueden resultar importantes en un momento dado.

Así como en macroeconomía internacional se analiza la ventaja comparativa para aproximarse a la eficiencia productiva de los países en sus diferentes sectores, en la gestión empresarial resulta relevante la posición en el mercado o ventaja competitiva, un concepto que introdujo en los años 80 Michael Porter, economista e investigador de la Universidad de Harvard.

Porter define le ventaja competitiva como el valor diferencial que tiene una empresa respecto a sus competidoras, que la hace situar su producto o servicio en el mercado en condiciones mejores que la competencia, con capacidad para sostener en el tiempo de modo rentable, apoyándose en tres estrategias: liderazgo en costes, diferenciación del producto o servicio y enfoque o concentración en un segmento del mercado.



















martes, 29 de enero de 2019

LA CIRCULACIÓN DE DINERO

Se entiende por dinero cualquier activo que sirva para comprar bienes y servicios. El dinero en circulación se compone de efectivo en manos del público y depósitos bancarios a la vista o cuentas corrientes contra las que se pueden realizar pagos. Estos dos activos financieros conforman la oferta monetaria en un sentido estricto, llamada M1. El agregado M2 incluye, además del M1, las cuentas de ahorro y algunos depósitos a plazo que pueden transferirse fácilmente a cuentas corrientes. Otros agregados monetarios recogen también partidas de plazo más amplio.

La velocidad con que circula el dinero es el número de veces que un euro cambia de manos durante el año, o bien, las veces que un euro se transforma en renta. Aunque habría que utilizar el conjunto de transacciones reales hechas en el período, el cálculo se realiza con el Producto Interior Bruto (PIB), puesto que a corto plazo hay una relación constante entre transacciones y PIB real.

El economista norteamericano Irving Fisher enunció a comienzos del siglo XX la “teoría cuantitativa del dinero”, que explica la relación entre la cantidad de dinero y las variables reales de la economía. Planteó la ecuación M*V = P*y, siendo “M” la cantidad de dinero (M1 o M2), “V” la velocidad de circulación del dinero, “P” el índice de precios (IPC o el deflactor del PIB) e “y” el PIB real.

La teoría cuantitativa del dinero establece que el nivel general de precios se relaciona positivamente con la cantidad de dinero, del tal modo que si se incrementa la cantidad de dinero (M), en la misma proporción subirán los precios (P)

Los economistas neoclásicos afirmaban que la velocidad de circulación del dinero es prácticamente constante, en tanto que los de tendencia keynesiana mantienen que cuando cambia la cantidad de dinero se altera también la velocidad de circulación.

Aunque la ecuación cuantitativa se aplica a la economía en su conjunto, también se puede establecer en términos de una familia. Por ejemplo, si la renta o ingreso de un hogar es de 36.000 euros anuales y, como promedio, se tienen para pagar gastos de 3.000 euros líquidos entre efectivo y cuenta corriente bancaria, la velocidad de su dinero será de 12 por año (36.000/3.000). Por tanto, la familia guarda dinero para un mes

No cabe duda de que en la velocidad de circulación influyen los métodos utilizados en las transacciones. En la medida que se hagan menos compras con dinero efectivo, menos habrá que retenerlo y “V” será mayor. Siguiendo con el ejemplo del párrafo anterior, en el que se mantenía dinero efectivo equivalente a 1 mes de renta, si se guarda dinero solo para 15 días, la velocidad de circulación se duplicará (36.000/1.500 = 24)


Observamos en el gráfico que las compras con tarjeta han superado al volumen de retiradas de dinero de los cajeros automáticos.

En el contexto de la crisis financiera, en la que los tipos de interés se han mantenido muy bajos, la velocidad de circulación ha sido descendente, lo cual significa que familias y empresas han tratado de mantener en forma líquida el dinero ahorrado el mayor tiempo posible, al no tener perspectivas de rendimiento como inversión financiera.

Cuando los bancos prestaban menos y las empresas reducían sus planes de inversión, el Banco Central Europeo (BCE) acudió en ayuda de la economía aumentando la liquidez y, por tanto, el volumen de dinero (M).

Aunque se temía que la expansión cuantitativa del BCE provocara incrementos de precios, se ha podido comprobar que no ha dado lugar a ningún aumento significativo de IPC (aunque ha incrementado los precios de los activos financieros).

En tiempos de crisis se suele escuchar entre la gente la expresión “el dinero no circula”, lo cual quiere decir que la velocidad de circulación ha descendido notablemente, sobre todo por la mayor retención de liquidez de bancos, familias y empresas no financieras.

martes, 22 de enero de 2019

NORMALIZACIÓN DE LA POLÍTICA MONETARIA

Las economías de la Eurozona han conseguido en los últimos años cierto crecimiento sostenido, favorecidas, entre otros vientos de cola, por la política monetaria de acceso fácil a la liquidez y de tipos de interés muy bajos, pero el año 2019 trae nuevas directrices.

En un intento de normalizar la política monetaria, Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), anunció en la última rueda de prensa la suspensión del programa de compra masiva de deuda pública y privada, pero aceptando el nivel actual de endeudamiento, es decir, reinvirtiendo el importe de los bonos que vayan venciendo, durante un tiempo prudencial, una especie de “respiración asistida” temporal.

La medida excepcional de expansión monetaria mantenida desde 2015 ha inyectado 2,6 billones de euros y ha conseguido que desciendan las primas de riesgo de los países de la Eurozona, contribuyendo a la recuperación de sus economías.

El BCE se prepara para subir los tipos de interés, que se mantienen en un histórico 0% desde marzo de 2016. El incremento se anuncia para después de este verano. Va a coincidir con un momento en que el crecimiento de las economías europeas tiende a ralentizarse y puede llegar a afectar a la prima de riesgo.

En el mercado de deuda pública, la prima de riesgo, también conocida como diferencial de tipo de interés, es el sobreprecio que paga un país para financiarse en los mercados en comparación con la nación de referencia (Alemania en la Eurozona).



También puede afirmarse que la prima de riesgo es la rentabilidad (interés) que exigen los inversores a un país para comprar su deuda soberana en comparación con la que se requiere a la nación de referencia. Refleja así la confianza de los inversores en la solidez de una economía.


Tenemos en el gráfico la evolución de la prima de riesgo española, que fue muy baja hasta el 2008, subió de modo acelerado entre 2010 y 2013, hasta alcanzar los 503 punto básicos (5,03% más de interés que la deuda alemana) y desde 2015, tras la intervención del BCE, ha oscilado en torno a los 125 puntos básicos.

Recordemos que la expansión monetaria excepcional del BCE ha sido una reacción de las autoridades a las consecuencias de la recesión que se inició en 2008, caracterizada por el estrangulamiento del crédito y el excesivo endeudamiento, que llevaron a la disminución de la disponibilidad de crédito y a la elevación de los tipos de interés. En tales circunstancias, empresas y consumidores quedaron con deuda excesiva y activos depreciados, situación que derivó en la reducción del gasto, empujando a la economía hacia un recesión.

En una crisis financiera, los bancos temen retiradas de depósitos de sus clientes o pérdidas de confianza de sus acreedores y deciden guardar sus recursos en lugar de prestarlos. Al mismo tiempo, empresas y consumidores con dificultades financieras pueden decidir no endeudarse a pesar del descenso de los tipos de interés, con lo que la bajada de los tipos no suele servir para mejorar el nivel de actividad económica. En un entorno así decidió el BCE, junto a otros bancos centrales, lanzar la excepcional expansión monetaria.

Si una desaceleración severa y baja inflación no aconsejan aplazarlo, el aumento de los tipos de interés que va a provocar la normalización de la política monetaria supondrá una atención más rigurosa de los mercado financieros a los países altamente endeudados, entre los cuales se encuentra España con cerca del 100% de deuda sobre el PIB, a fin de conocer la sostenibilidad de la trayectoria fiscal cuando tengan que pagar intereses más altos.















martes, 15 de enero de 2019

INDICADORES DE BIENESTAR

Aunque el Producto Interior Bruto (PIB) es el indicador de referencia en macroeconomía y la medida del éxito o fracaso económico de los países, se discute con frecuencia la relación entre el nivel de renta por habitante y el bienestar de las poblaciones. Las reflexiones suelen admitir la vigencia del PIB como medida útil, pero apuntan a la necesidad de complementarlo con otros indicadores sociales de bienestar.

Es cierto que, además de medir el crecimiento económico y comparar el nivel de vida material de los países, los datos que aporta la evolución del PIB influyen en las decisiones de empresas y familias. Permiten también planificar las acciones de los Gobiernos y evaluar el cumplimiento de las políticas económicas.

Pero los datos de mejora económica suelen esconder con frecuencia aumento de desigualdad o estancamiento de pobreza, por lo que se plantean alternativas para medir el impacto que el crecimiento económico tiene realmente sobre el bienestar.

La opción más utilizada es el Indice de Desarrollo Humano (IDH), un indicador impulsado por la Organización de Naciones Unidas (ONU), como Programa para el Desarrollo Económico, con la finalidad de añadir a la perspectiva económica otros elementos que afectan a las condiciones de vida de las personas.

El Programa, que señala como objetivo del desarrollo humano el impulso de las capacidades de todas las personas, publicó el primer informe en 1990 y sus actividades han ampliado las fronteras del pensamiento social más allá del crecimiento económico, situando a las personas y el bienestar humano en el centro de las políticas públicas.

El indicador utiliza tres variables: la esperanza de vida al nacer, el nivel de educación y el PIB por habitante. La ONU añade también indicadores para recoger otros aspectos, tales como la Desigualdad, el Desarrollo de Género y la Pobreza Multidimensional.

Según el Informe de 2018 (datos de 2017), ordenando a los 189 países analizados, de mayor a menor puntuación (en el intervalo entre 0 y 1), el Indice de Desarrollo Humano sitúa en 2017 en las tres primeras posiciones a Noruega (0,953), Suiza (0,944) y Australia (0,939). Los países africanos continúan en las ultimas posiciones, con Niger (0,354) como cierre del ranking. España tiene un índice de 0,891, lo que supone una mejora respecto a 2016, año en el que era de 0,889, y ocupa el puesto 26.

La última versión del Programa subraya que los desequilibrios en las oportunidades y elecciones de las personas provienen de las desigualdades tanto en los ingresos como en la salud, la educación y el acceso a la tecnología.

En el siguiente gráfico se recoge la incidencia de la desigualdad en el Indice de Desarrollo Humano


Cuando existe desigualdad, el valor del indicador agregado se reduce. Observamos en el gráfico que la perdida porcentual de puntuación por la desigualdad es mayor a medida que desciende el nivel de desarrollo humano.

Las desigualdades hacen que el valor del IDH mundial de 0,728 en el año 2017 se reduzca hasta 0,582, una caída del 20%, que supone pasar de la categoría de desarrollo humano alto a desarrollo humano medio. La desigualdad en los ingresos es la que más contribuye a la desigualdad global, seguida por las diferencias en la educación y en la esperanza de vida.

En el caso de España, el índice desciende a 0,754, con una pérdida del 15,4%, lo cual denuncia una mayor desigualdad que le media (10,7%) en el nivel que ocupa el país (desarrollo humano muy alto).

En la perspectiva específica de desigualdad de género, a nivel mundial, el valor medio del IDH de las mujeres (0,705) es un 5,9% más bajo que el de los hombres (0,749) , brecha entre géneros que se amplía al 13,8% en los países con un desarrollo humano bajo.

Los logros en materia de desarrollo humano se quieren expresar no solo desde el punto de vista de la cantidad, sino también con una perspectiva de calidad. Así, una forma de evaluar la calidad de la salud es observar indicadores de “esperanza de vida sana”, que se cuantifica en un 12,0% inferior a la esperanza de vida en el conjunto de las regiones y grupos de desarrollo humano.

Para evaluar la calidad de la educación pueden utilizarse criterios de medición indirectos, como el número de alumnos por docente, que muestra amplias diferencias entre los grupos de desarrollo humano. En los países con desarrollo humano bajo dicha cifra es tres veces mayor que en los países con desarrollo humano muy alto (41 frente a 14). La preparación de los docentes es también muy diferente entre los niveles de desarrollo humano.

Una de las conclusiones del nuevo Informe es que la mayoría de las personas son más longevas en nuestros días, tienen un nivel mayor de educación y más acceso a bienes y servicios. Sin embargo, el hecho de vivir más no significa que todos puedan disfrutar de la vida durante más años. Asimismo, permanecer más tiempo escolarizado no supone aumentar capacidades y competencias equivalentes. Por lo tanto, en los años venideros “será importante trasladar el foco de atención a la calidad del desarrollo humano”.










martes, 8 de enero de 2019

DETERMINANTES DE LA PRODUCTIVIDAD

Se considera que un crecimiento económico es sostenible a largo plazo cuando aumenta la productividad (productividad del trabajo), que es la cantidad producida como media por los trabajadores o la producción por hora trabajada. Se puede afirmar que el incremento del Producto Interior Bruto (PIB) real por habitante se debe precisamente al aumento de la productividad, la clave del crecimiento económico.

A corto plazo puede también aumentar la producción por habitante si se incrementa la parte de la población que trabaja, tal como ha sucedido en el período de recuperación de la economía española. Pero se ha podido constatar que a largo plazo la tasa de aumento del empleo está muy próxima al crecimiento de la población.

En los siguientes gráficos se representa la situación de varios países de la Eurozona, con sus rentas medias y productividades en el período de recuperación:


Observamos en el gráfico que, en el quinquenio tras la Gran Recesión, el crecimiento del PIB por habitante no se ha producido fundamentalmente por el incremento de la productividad, sino por la reducción del desempleo, incorporando parados al trabajo. En el caso de España, la productividad sólo creció a una tasa anual de 0,48% (2,4/5) en el quinquenio y la renta media aumentó a un ritmo anual del 2,8% (14,1/5), por el incremento del empleo.

Hay tres factores básicos que determinan la productividad del trabajo: la disponibilidad de capital físico (maquinaria y demás equipamientos), el potencial o capital humano (formación) del trabajador y el progreso tecnológico.

La formación y experiencia del trabajador se considera hoy día más importante que el capital físico para el incremento de la productividad, pero probablemente el determinante clave es el progreso tecnológico, que se puede definir como el avance en los medios tecnológicos y organizativos para la producción de bienes y servicios.

Los tres factores citados tienden a aumentar a lo largo del tiempo. Cuando los trabajadores están equipados con más maquinaria, reciben mejor formación y se benefician de mejoras tecnológicas.

La función de producción agregada, que trata de descomponer los efectos de los tres factores sobre la producción total, presenta rendimientos de capital físico decrecientes, de tal manera que si la cantidad de capital humano (formación) por trabajador y el estado de la tecnología se mantienen constantes, cada incremento sucesivo de capital físico por trabajador genera un menor aumento de la productividad.

La economía puede lograr mayor producción por trabajador con la misma cantidad de capital físico y de capital humano por el efecto del progreso tecnológico (innovación), que recibe el nombre de “productividad total de los factores”. Por ejemplo, las estadísticas norteamericanas señalan que, en los sectores agrarios, el 46% del incremento de productividad entre 1948 y 2008 se debió a la productividad total de los factores.

El aumento de la productividad es un gran reto para la economía española. A largo plazo, el crecimiento no vendrá impulsado por el incremento de capital físico o humano, sino por el avance en la productividad total de los factores, que algunos denominan “crecimiento inteligente”. Este componente no ha tenido crecimiento alguno en España en el último quinquenio, debido, entre otros aspectos, al reducido tamaño de las empresas y al bajo aprovechamiento de las nuevas tecnologías y los sistemas organizativos.