martes, 19 de febrero de 2013

LA APRECIACIÓN DEL EURO


Las transacciones entre monedas determinan el precio o tipo de cambio de una divisa o moneda extranjera. Ese tipo de cambio se llama nominal y es el precio relativo de una moneda con respecto a otra, que se cuantifica en el número de unidades de divisa que hay que entregar para obtener una unidad de moneda nacional.

Por ejemplo, si el Banco Central Europeo (BCE) fija el cambio oficial del euro en 1,34 dólares, quiere decir que hay que entregar esa cantidad de dólares para obtener un euro. Otra manera de expresar el tipo de cambio es el dólar/euro. En este caso significa que 1 dólar equivale a 0,74 euros

Si el tipo de cambio euro/dólar se incrementa (está ocurriendo en los últimos meses), es decir, conseguimos más dólares por un euro, significa que el euro se está apreciando, lo cual favorecerá la compra de productos del área del dólar (importaciones más baratas) y habrá dificultades en nuestras ventas a esos países (exportaciones más caras).

Es lo que viene a indicar el siguiente gráfico: la depreciación del dólar (apreciación del euro) que se ha producido de septiembre a febrero
 Pero los tipos de cambio de las monedas tienden a un valor tal que una determinada cantidad de moneda debe tener el mismo poder adquisitivo, es decir, la capacidad de comprar la misma cantidad de bienes en todos los países. Es la denominada “Paridad del Poder Adquisitivo”

Para explicar de un modo informal esta teoría, la revista “The Economist” creó el llamado “Big Mac Index”, que, como sustituto sencillo del conjunto de bienes y servicios de un país, mide la paridad del poder adquisitivo entre las monedas.

El índice supone que la hamburguesa de los establecimientos de MacDonald´s es como una cesta de bienes representativos, puesto que mantiene unas características similares en todo el mundo. Toma siempre como precio base el de EE.UU.
    En el caso de nuestra moneda, el precio es el promedio de la Zona Euro.

Es evidente que en los países ricos una hamburguesa es más cara que en los menos desarrollados, debido a que la retribución al trabajo es más alta.

Comparando el precio medio de la hamburguesa -aplicando el tipo de cambio vigente a fin de enero- en los países del euro (4,88 dólares) y el precio en Estados Unidos (4,37 dólares), se puede decir que el euro está sobrevalorado en un 11,67%, lo cual dificulta  nuestras exportaciones a países del exterior de la Eurozona.

En el análisis de la paridad del poder adquisitivo, la sobrevaloración de una moneda se suele considerar como una pista para señalar que tenderá a depreciarse en el medio/largo plazo.

martes, 12 de febrero de 2013

INDICADORES DE POBREZA


La medida más usada para determinar la extensión de la pobreza en el mundo es la denominada pobreza absoluta, la situación de los colectivos que se encuentran bajo un cierto nivel de renta, denominado línea de pobreza, que está definido por el Banco Mundial como el ingreso de 2 dólares estadounidenses al día,  medidos en términos de paridad de poder adquisitivo.

Pero más que el umbral ligado al mínimo de subsistencia o al gasto necesario para atender las  necesidades básicas, los países tratan de establecer el grado de desigualdad en la distribución de la renta y lo miden a través del llamado riesgo de pobreza,  la pobreza relativa, que se fija en función del nivel medio de vida de cada sociedad.

El método para calcular la pobreza relativa consiste en tomar como umbral de riesgo de pobreza un porcentaje de la mediana de la distribución de la renta del colectivo. La Comisión Europea tiene establecido el umbral de riesgo en el 60% de la mediana.

La mediana se sitúa justamente en el centro de los valores de un colectivo, es decir, el ingreso de la persona que tiene a la mitad del colectivo por encima y a la otra mitad por debajo. Resulta una referencia más apropiada que la media aritmética porque evita el efecto de los valores extremos.

Según el Instituto Nacional de Estadística, que ha publicado los datos definitivos de la Encuesta de Condiciones de Vida de 2011 y el avance de los resultado para 2012, los distintos umbrales de riesgo de pobreza para España en función del tamaño del hogar y las edades de sus miembros son los siguientes:
En el siguiente cuadro se pueden ver los porcentajes de población que están bajo los umbrales indicados:
Si se imputa el alquiler de las viviendas propias a valor de mercado, que es una componente no monetaria de los ingresos de la familia, el porcentaje de riesgo de pobreza desciende al 18,4% en el año 2012.

Parece paradójica la información que aporta el INE sobre la evolución de la pobreza en el año 2012. En un año en el que se han perdido 787.000 empleos en España, el porcentaje de familias bajo el umbral de riesgo de pobreza desciende del 21,8% en el año anterior al 21,1%.

La explicación es que el indicador de riesgo de pobreza es una medida relativa. Las personas que pierden empleo ven reducidos sus ingresos, con lo que la renta media del colectivo disminuye. Algunas personas de renta reducida ven que en estos momentos sus ingresos se acercan a la media y escapan del nivel de riesgo de pobreza. No es que esas personas hayan mejorado, sino que otras, que estaban en mejor posición que ellas, han empeorado

En el País Vasco, la tasa de riesgo de pobreza en el año 2011 fue la mitad del conjunto de España, un 10,8%

Si nos fijamos en los porcentajes de riesgo de pobreza en España por tramos de edad, observamos que, en los últimos tres años, los jóvenes mantienen la tasa de pobreza; en el colectivo en edad laboral, el porcentaje sube de 19,4% a 21%, y en cambio, es en el colectivo de pensionistas donde se reduce el riesgo de pobreza del 21,7% al 16,9%.  

martes, 5 de febrero de 2013

CAÍDA DE LA RECAUDACIÓN FISCAL


La política fiscal influye sobre la demanda agregada a través de los gastos y los ingresos públicos. Mientras el gasto público es un componente de la misma demanda, los impuestos influyen indirectamente. Al disminuir la renta disponible de las familias reducen el consumo, que es también un componente de la demanda.

La necesaria regulación de la demanda agregada viene de la obra del economista británico J.M.Keynes, el fundador de la macroeconomía, quien construyó el armazón que establece la intervención del Estado para suplir la demanda privada en momentos en que no alcanza a mantener el nivel de PIB próximo a su potencial.

Desde muy antiguo se han utilizado programas de infraestructuras públicas para aliviar situaciones de paro temporal. En la Gran Depresión de 1929,  el presidente Roosevelt utilizó un amplio programa de gasto público para hacer frente al derrumbe de la actividad económica

El pensamiento dominante en Europa viene sosteniendo desde el inicio de la crisis que hay que conseguir el equilibrio fiscal, la reducción del déficit presupuestario, cueste lo que cueste, y atender a la deuda pública acumulada.

Pero conseguir tales objetivos viene condicionado, además de los niveles de reducción de gastos y subida de impuestos, por el valor del multiplicador fiscal, que establece la relación entre la reducción del déficit y, al disminuir la demanda, la caída PIB, que va seguida de menor recaudación de impuestos.

El FMI reconoció  en octubre pasado que el valor del multiplicador fiscal esperado (repercusión en el  PIB de la reducción del déficit) de 0,5 no es el que se ha venido dando en la economía en los últimos meses. La crisis se ha elevado notablemente en países con restricciones financieras para las familias y las empresas, de tal modo que un euro ahorrado en el presupuesto público reduce el PIB entre 1,5 y 1,9 euros.

Con un multiplicador tan elevado, las política fiscales contractivas empeoran, en lugar de mejorar, los déficit presupuestarios de los países, generando encima una caída mayor de la actividad y continuando con el aumento del desempleo.

En el siguiente gráfico podemos observar el efecto que está teniendo sobre los ingresos públicos la política de consolidación fiscal en España, en comparación con  la evolución de la recaudación  en el conjunto de Europa.
Mientras que los países de la Unión Europea (UE-27) tienen un promedio de ingresos por impuestos, incluyendo las cargas sociales, en torno al 40% del PIB, España ha reducido la recaudación desde el 38% al comienzo de la crisis al 32,4% en el 2011.

Se puede ver en el grafico que va a continuación el detalle de los ingresos fiscales por países en Europa:
Subir los tipos impositivos no significa que aumente la recaudación, porque la caída de actividad afecta a los impuestos. En concreto,  la subida del IVA de septiembre pasado ha encarecido los bienes y servicios, por lo que está disminuyendo el consumo, y no es difícil prever que animará a que alguna actividad más se sumerja y engrose la economía informal, de la cual la Administración Pública no recibirá ni un céntimo de euro.

martes, 29 de enero de 2013

LA DEPENDENCIA FINANCIERA DEL EXTERIOR


Como continuación del análisis de la entrada anterior,  al ahorro interno del país añadimos ahora los fondos  procedentes del exterior, que en los últimos años han sido importantes en España, tal como podemos observarlo en el siguiente gráfico
El desfase entre el ahorro interior del país y la inversión, que se mide por el déficit de la cuenta corriente de la Balanza de Pagos, llegó a ser del orden del 10% en el 2009 y ha descendido hasta el 1,7% en el conjunto de los tres primeros trimestres de 2012. 

Recordemos que la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos tiene cuatro componentes de las relaciones con otros países: Comerciales, que recoge las exportaciones y las importaciones; Servicios, con turismo y servicios profesionales; Rentas, en el que destacan lo intereses de la deuda con otros países, y Transferencias, que incluye las remeses de emigrantes.

El déficit de la Cuenta Corriente indica también que el país gasta más de lo que produce en un período determinado. Se tiene necesidad de financiación y el ahorro del resto del mundo viene a cubrir ese déficit.

Más tarde, el país receptor del ahorro se verá obligado a compensarlo y para ello tendrá que gastar menos de lo que produce, transfiriendo la diferencia al resto del mundo. En el país con excedentes financieros ocurre justo lo contrario.

La necesidad de financiación de la economía española (espacio entre las dos líneas del gráfico) es la que ha acumulado la abultada deuda externa neta del país, que oscila en torno al 100% del PIB, y que, en opinión de algunos economistas, habrá que reestructurarla porque va a resultar difícil devolver.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) ofreció la semana pasada una buena noticia. Aunque en el acumulado de los tres primeros trimestres de 2012 todavía hubo necesidad de financiación exterior, tal como hemos indicado más arriba, en el período julio a septiembre sucedió lo contrario: se generó una capacidad de financiación equivalente al 1,3% del PIB

Después de 14 años de depender del dinero ajeno para financiar la actividad interna, España ha conseguido autofinanciarse, al menos en un trimestre. Han sido las empresas las que han mejorado sustancialmente, porque la situación de las familias empeora y la Administración Pública se muestra incapaz de equilibrar sus cuentas

Desde la economía no financiera, la lectura de la situación es diferente. La mejora de las empresas se ha logrado despidiendo trabajadores y renunciando a invertir; las familias, al ir reduciéndose su renta disponible real, muestran signos de deterioro, y la Administración Pública no encamina la anunciada reforma de algunas de sus esclerotizadas estructuras.






martes, 22 de enero de 2013

AHORRO E INVERSIÓN


Tal como observamos en el gráfico, la tasa de ahorro familiar, según el INE,  alcanzó en España el 18% sobre la renta disponible en el año  2009, pero descendió hasta el 8,8% en el 2012, debido sobre todo a la caída de la renta disponible.
El ahorro doméstico es una parte importante de la financiación que necesitan las empresas para llevar a cabo sus procesos de inversión o producción de bienes de capital físico. Pueden acudir también  a la financiación exterior, como lo ha hecho España en los últimos años.

¿Qué relación existe entre ahorro e inversión? En última instancia, la inversión tiene que corresponder a un acto de ahorro, dado que una persona o entidad con ciertos recursos, que puede gastarlos hoy en consumo, decide utilizarlos para construir un bien de capital que se empleará en el futuro. A eso llamamos ahorro.

En términos de contabilidad nacional, considerando,  para simplificar,  únicamente dos sectores, empresas y familias, desde la perspectiva del destino de las remuneraciones recibidas, podemos establecer

              Renta nacional = Consumo + Ahorro

Desde el punto de vista de los bienes y servicios producidos,  la demanda total será

            Demanda agregada =Consumo + Inversión

Como la renta nacional o los ingresos y la demanda agregada o el valor de los bienes y servicios producidos deben ser iguales

            Consumo + Ahorro = Consumo + Inversión

Dado que el consumo es el mismo, se deduce que

                          Ahorro = Inversión

En este modelo simplificado, la igualdad viene a indicar que los recursos para la inversión provienen de la renta no consumida, es decir, ahorrada en el país, puesto que hemos supuesto que hay solo familias y empresas.

Pero el caso es que las decisiones de ahorro y de inversión las toman personas o entidades distintas. Cuando las familias deciden cuánto van a ahorrar este año, no tienen ni idea de cuánto piensan invertir las empresas. Igualmente, las empresas toman decisiones de inversión sin preocuparse por los planes de ahorro de las familias.

Sin embargo, hemos visto antes que, en el conjunto de un período, los importes de ahorro e inversión deben coincidir. ¿Cómo es posible?

Supongamos el siguiente comportamiento de las familias  y empresas de una economía (en millones de euros)

Años
Renta
Consumo
Ahorro
Producción
Inversión
1
40.000
32.000
8.000
32.000
8.000
2
40.000
30.000
10.000
32.000
10.000 (8.000+2.000)

Como podemos ver en el cuadro, la renta del país es de  40.000. En el año 1, las familias consumen 32.000 y, por tanto, ahorran 8.000. Por su parte, las empresas fabrican bienes para la venta por 32.000 e invierten 8.000. La producción de las empresas se ha consumido totalmente y el ahorro ha financiado la inversión realizada. Se da el equilibrio.

Supongamos que las empresas deciden repetir en el año 2 los niveles de producción e inversión del año 1. Pero las familias optan por aumentar el ahorro hasta 10.000. Como vemos en el cuadro, la inversión vuelve a ser igual al ahorro (10.000). Como indica la teoría económica,  se produce la la igualdad entre ahorro e inversión.

Pero un análisis más a fondo nos muestra que la situación económica del segundo año no es la misma que la del primero. En el año 1 las expectativas empresariales se cumplieron: pensaban vender 32.000 y lo consiguieron. En cambio en el segundo año, produjeron 32.000 y sólo vendieron 30.000. No se cumplieron sus expectativas. La producción no vendida, 2.000, quedó en las empresas y a ese almacenamiento es otra inversión, denominada inversión en circulante. El ahorro fue igual a la inversión, pero ésta tuvo dos componentes: el planificado, 8.000 y el forzado por la falta de venta, 2.000.

Como no hay equilibrio entre la oferta de bienes  de las empresas y la demanda por parte de las familias, en los siguientes períodos, si no mejoran las expectativas  y deciden incrementar la inversión, las empresas disminuirán la producción de bienes para la venta, reduciendo la contratación de trabajo, con lo que bajará la renta de las familias, que podrán ahorrar menos, hasta coincidir con la inversión de las empresas. Vuelve a cumplirse la igualdad entre ahorro e inversión, pero a un nivel de producción y renta menor. Ha descendido el PIB del país.

Como hemos indicado más arriba, en el modelo simplificado que hemos utilizado no hemos incluido la actuación del sector público que, en situaciones de recesión económica como la descrita, establece las acciones de  política económica que incorporan objetivos de empleo, crecimiento económico y equilibrio exterior.

En la siguiente entrada ampliaremos el análisis del ahorro e inversión introduciendo las relaciones con otros países, para abordar la dependencia financiera exterior.

martes, 15 de enero de 2013

LA CAÍDA DEL CONSUMO PRIVADO


El aceite de girasol gana terrero al de oliva, se compran cuatro turismos usados por cada uno nuevo y se dieron de baja dos millones de líneas de teléfono móvil en el 2012.

La combinación de desempleo, subidas de impuestos y reducciones de salarios ha disminuido la renta disponible de las familias españolas. Y la entrada en vigor del nuevo IVA ha venido a agravar la caída del consumo general.

La partida con mayor peso en el Producto Interior Bruto de un país es precisamente el consumo familiar o privado, que tiene tres componentes: a) Bienes perecederos, tales como alimentos y ropa; b) Bienes duraderos, que pueden ser utilizados muchas veces a lo largo del tiempo: un ordenador, un frigorífico, y c) Servicios, actividades intangibles, como sanidad  y educación.

En el siguiente gráfico observamos la evolución en los últimos 10 años de los ingresos familiares (Renta Bruta Disponible, en línea negra), el consumo de los hogares (línea amarilla) y, el ahorro  (barras azules)

En el comportamiento de las familias inciden, según el análisis económico, además de la renta disponible, que cayó un 1,6% interanual en el tercer trimestre de 2012, sin duda el elemento de mayor incidencia en las compras de bienes y servicios, cuatro factores: la renta permanente, el ciclo vital, la renta relativa y el efecto riqueza.  

La teoría de la renta permanente establece que la decisión de consumo actual depende de la previsión que hagan las familias sobre los ingresos a largo plazo. Los hogares aumentan su consumo actual cuando estiman que en el futuro dispondrán de mayores rentas y bajan si están convencidos de que va a reducirse su renta, aunque todavía no les haya afectado.

La teoría del ciclo vital señala que hay varias etapas a lo largo de la vida de las personas que se corresponden con pautas de consumo diferentes. Cierta propensión al endeudamiento en la juventud; mayor capacidad para generar rentas y ahorrar, en la edad adulta, y, por último, un tiempo de jubilación, en el que se gastan los ahorros anteriores.

Hay economistas que hacen hincapié en la importancia de la  renta relativa, la de los consumidores en relación con la media de su entorno. Piensan que  resulta importante para explicar el comportamiento del consumo, debido a que se produce un efecto demostración, por el cual se imita el gasto que realizan los consumidores de rentas más altas, que actúan como una especie de prescriptores. La elevada implicación de familias con renta limitada en el boom de las hipotecas del comienzo de la crisis financiera actual podría ser un ejemplo de tal comportamiento.

Por último, el denominado efecto riqueza es otro factor que tiene incidencia en el nivel de consumo. Disponer, por ejemplo, de un activo financiero, además de los ingresos corrientes, lleva habitualmente a un mayor consumo cuando esa inversión financiera se revaloriza, aunque no se traduzca en ingresos para el propietario. En sentido inverso, las pérdidas generalizadas de valor de los fondos de inversión y de pensiones que se han producido en los últimos tres años han llevado a gastar menos a sus titulares.

Estos análisis vienen a indicarnos que si se quiere actuar sobre la demanda de consumo privado, a fin de situar al conjunto de la economía en la senda del crecimiento, no basta con acciones coyunturales, sino que se requieren políticas destinadas a modificar las perspectivas y las rentas en el largo plazo.

martes, 8 de enero de 2013

IMPULSO CIENTÍFICO-TECNOLÓGICO Y CRECIMIENTO


Ante la persistencia de la recesión en algunos países de la Europa periférica, tanto el Fondo Monetario Internacional como la Comisión Europea han acabado reconociendo que sus economías  necesitan más tiempo para ajustar los déficits fiscales y que es preciso impulsar el crecimiento económico.

En el gráfico siguiente observamos las previsiones recesivas en los países europeos del sur para el 2013:
¿Cuáles son las variables fundamentales para que pueda darse en los próximos años el despegue económico, que acerque el nivel de producción a la capacidad potencial de nuestra economía?

El análisis del crecimiento económico que se inició en el siglo XVIII se ha sustentado en dos tipos de modelos: el neoclásico  o exógeno y el endógeno o de las externalidades

Los modelos neoclásicos tradicionales consideran que la acumulación de capital es el motor del crecimiento económico de un país y que su financiación fundamental viene del ahorro interno, aunque circunstancialmente haya que recurrir a endeudarse con otros países. Por lo tanto, el nivel de ahorro propio resulta determinante en el ritmo del crecimiento. Un mayor ahorro permite invertir más  y crecer más rápido.

Para los neoclásicos, los rendimientos de la inversión son decrecientes con el aumento de capital, de tal manera que disminuyen a medida que un país se va desarrollando. Por ello, apuntan hacia la convergencia de renta por habitante entre todos los países a medida que avance el nivel económico. Pero también advierten que la convergencia a largo plazo puede no darse debido a las diferencias entre los países tanto en productividad como en rentas.

La mayor productividad proviene del aumento de cualificación de los trabajadores, consecuencia de niveles más altos de educación y capacitación profesional. Otros elementos que influyen en el crecimiento son el gasto público en infraestructuras y una menor tasa de inflación

Por otra parte, la renta por habitante  aumenta directamente con la intensidad del capital físico e indirectamente con la tasa de ahorro. El ahorro interno de algunos países pobres no alcanza el 10% de la renta,  en tanto que hay países emergentes que superan el 40%.

En un caso muy estudiado, como el de EE.UU., se evidencia que el 50% del crecimiento ha venido del aumento del capital físico invertido y el incremento de empleo. El restante  50% ha sido consecuencia del llamado “progreso técnico”, compuesto por innovaciones tecnológicas, mejoras organizativas y aumento de la eficiencia de los trabajadores.

A partir de los años 80, con la aparición de modelos de crecimiento endógeno,  se introdujeron varios cambios en los supuestos que hacían  los neoclásicos.

En primer lugar, mientras en los neoclásicos el progreso técnico no es explicado por el modelo, se considera exógeno, en los nuevos modelos se trata como endógeno, es decir, se considera que el desarrollo y la difusión de nuevas tecnologías responde a incentivos económicos, por lo que no cabe considerar el estado de la técnica como un dato. Se defiende que el aumento de productividad de los factores productivos debe entenderse como un proceso económico que viene influido por el mercado.

Un segundo cambio fue considerar que los rendimientos de la inversión aumentan más que proporcionalmente con el incremento del volumen de capital físico y el potencial del trabajo.

Por último, los nuevos modelos introducen el supuesto de que el conocimiento científico-tecnológico, además de beneficiar a los factores de producción, genera un rendimiento cada vez mayor.

Algunos modelos de crecimiento endógeno llegan a considerar a la inversión en investigación, desarrollo e innovación, una parte importante del llamado progreso técnico,  como motor principal del crecimiento, que el comercio internacional puede estimular ayudando a que se difunda la tecnología,  el conocimiento y los procesos de aprendizaje.