martes, 22 de enero de 2013

AHORRO E INVERSIÓN


Tal como observamos en el gráfico, la tasa de ahorro familiar, según el INE,  alcanzó en España el 18% sobre la renta disponible en el año  2009, pero descendió hasta el 8,8% en el 2012, debido sobre todo a la caída de la renta disponible.
El ahorro doméstico es una parte importante de la financiación que necesitan las empresas para llevar a cabo sus procesos de inversión o producción de bienes de capital físico. Pueden acudir también  a la financiación exterior, como lo ha hecho España en los últimos años.

¿Qué relación existe entre ahorro e inversión? En última instancia, la inversión tiene que corresponder a un acto de ahorro, dado que una persona o entidad con ciertos recursos, que puede gastarlos hoy en consumo, decide utilizarlos para construir un bien de capital que se empleará en el futuro. A eso llamamos ahorro.

En términos de contabilidad nacional, considerando,  para simplificar,  únicamente dos sectores, empresas y familias, desde la perspectiva del destino de las remuneraciones recibidas, podemos establecer

              Renta nacional = Consumo + Ahorro

Desde el punto de vista de los bienes y servicios producidos,  la demanda total será

            Demanda agregada =Consumo + Inversión

Como la renta nacional o los ingresos y la demanda agregada o el valor de los bienes y servicios producidos deben ser iguales

            Consumo + Ahorro = Consumo + Inversión

Dado que el consumo es el mismo, se deduce que

                          Ahorro = Inversión

En este modelo simplificado, la igualdad viene a indicar que los recursos para la inversión provienen de la renta no consumida, es decir, ahorrada en el país, puesto que hemos supuesto que hay solo familias y empresas.

Pero el caso es que las decisiones de ahorro y de inversión las toman personas o entidades distintas. Cuando las familias deciden cuánto van a ahorrar este año, no tienen ni idea de cuánto piensan invertir las empresas. Igualmente, las empresas toman decisiones de inversión sin preocuparse por los planes de ahorro de las familias.

Sin embargo, hemos visto antes que, en el conjunto de un período, los importes de ahorro e inversión deben coincidir. ¿Cómo es posible?

Supongamos el siguiente comportamiento de las familias  y empresas de una economía (en millones de euros)

Años
Renta
Consumo
Ahorro
Producción
Inversión
1
40.000
32.000
8.000
32.000
8.000
2
40.000
30.000
10.000
32.000
10.000 (8.000+2.000)

Como podemos ver en el cuadro, la renta del país es de  40.000. En el año 1, las familias consumen 32.000 y, por tanto, ahorran 8.000. Por su parte, las empresas fabrican bienes para la venta por 32.000 e invierten 8.000. La producción de las empresas se ha consumido totalmente y el ahorro ha financiado la inversión realizada. Se da el equilibrio.

Supongamos que las empresas deciden repetir en el año 2 los niveles de producción e inversión del año 1. Pero las familias optan por aumentar el ahorro hasta 10.000. Como vemos en el cuadro, la inversión vuelve a ser igual al ahorro (10.000). Como indica la teoría económica,  se produce la la igualdad entre ahorro e inversión.

Pero un análisis más a fondo nos muestra que la situación económica del segundo año no es la misma que la del primero. En el año 1 las expectativas empresariales se cumplieron: pensaban vender 32.000 y lo consiguieron. En cambio en el segundo año, produjeron 32.000 y sólo vendieron 30.000. No se cumplieron sus expectativas. La producción no vendida, 2.000, quedó en las empresas y a ese almacenamiento es otra inversión, denominada inversión en circulante. El ahorro fue igual a la inversión, pero ésta tuvo dos componentes: el planificado, 8.000 y el forzado por la falta de venta, 2.000.

Como no hay equilibrio entre la oferta de bienes  de las empresas y la demanda por parte de las familias, en los siguientes períodos, si no mejoran las expectativas  y deciden incrementar la inversión, las empresas disminuirán la producción de bienes para la venta, reduciendo la contratación de trabajo, con lo que bajará la renta de las familias, que podrán ahorrar menos, hasta coincidir con la inversión de las empresas. Vuelve a cumplirse la igualdad entre ahorro e inversión, pero a un nivel de producción y renta menor. Ha descendido el PIB del país.

Como hemos indicado más arriba, en el modelo simplificado que hemos utilizado no hemos incluido la actuación del sector público que, en situaciones de recesión económica como la descrita, establece las acciones de  política económica que incorporan objetivos de empleo, crecimiento económico y equilibrio exterior.

En la siguiente entrada ampliaremos el análisis del ahorro e inversión introduciendo las relaciones con otros países, para abordar la dependencia financiera exterior.

martes, 15 de enero de 2013

LA CAÍDA DEL CONSUMO PRIVADO


El aceite de girasol gana terrero al de oliva, se compran cuatro turismos usados por cada uno nuevo y se dieron de baja dos millones de líneas de teléfono móvil en el 2012.

La combinación de desempleo, subidas de impuestos y reducciones de salarios ha disminuido la renta disponible de las familias españolas. Y la entrada en vigor del nuevo IVA ha venido a agravar la caída del consumo general.

La partida con mayor peso en el Producto Interior Bruto de un país es precisamente el consumo familiar o privado, que tiene tres componentes: a) Bienes perecederos, tales como alimentos y ropa; b) Bienes duraderos, que pueden ser utilizados muchas veces a lo largo del tiempo: un ordenador, un frigorífico, y c) Servicios, actividades intangibles, como sanidad  y educación.

En el siguiente gráfico observamos la evolución en los últimos 10 años de los ingresos familiares (Renta Bruta Disponible, en línea negra), el consumo de los hogares (línea amarilla) y, el ahorro  (barras azules)

En el comportamiento de las familias inciden, según el análisis económico, además de la renta disponible, que cayó un 1,6% interanual en el tercer trimestre de 2012, sin duda el elemento de mayor incidencia en las compras de bienes y servicios, cuatro factores: la renta permanente, el ciclo vital, la renta relativa y el efecto riqueza.  

La teoría de la renta permanente establece que la decisión de consumo actual depende de la previsión que hagan las familias sobre los ingresos a largo plazo. Los hogares aumentan su consumo actual cuando estiman que en el futuro dispondrán de mayores rentas y bajan si están convencidos de que va a reducirse su renta, aunque todavía no les haya afectado.

La teoría del ciclo vital señala que hay varias etapas a lo largo de la vida de las personas que se corresponden con pautas de consumo diferentes. Cierta propensión al endeudamiento en la juventud; mayor capacidad para generar rentas y ahorrar, en la edad adulta, y, por último, un tiempo de jubilación, en el que se gastan los ahorros anteriores.

Hay economistas que hacen hincapié en la importancia de la  renta relativa, la de los consumidores en relación con la media de su entorno. Piensan que  resulta importante para explicar el comportamiento del consumo, debido a que se produce un efecto demostración, por el cual se imita el gasto que realizan los consumidores de rentas más altas, que actúan como una especie de prescriptores. La elevada implicación de familias con renta limitada en el boom de las hipotecas del comienzo de la crisis financiera actual podría ser un ejemplo de tal comportamiento.

Por último, el denominado efecto riqueza es otro factor que tiene incidencia en el nivel de consumo. Disponer, por ejemplo, de un activo financiero, además de los ingresos corrientes, lleva habitualmente a un mayor consumo cuando esa inversión financiera se revaloriza, aunque no se traduzca en ingresos para el propietario. En sentido inverso, las pérdidas generalizadas de valor de los fondos de inversión y de pensiones que se han producido en los últimos tres años han llevado a gastar menos a sus titulares.

Estos análisis vienen a indicarnos que si se quiere actuar sobre la demanda de consumo privado, a fin de situar al conjunto de la economía en la senda del crecimiento, no basta con acciones coyunturales, sino que se requieren políticas destinadas a modificar las perspectivas y las rentas en el largo plazo.

martes, 8 de enero de 2013

IMPULSO CIENTÍFICO-TECNOLÓGICO Y CRECIMIENTO


Ante la persistencia de la recesión en algunos países de la Europa periférica, tanto el Fondo Monetario Internacional como la Comisión Europea han acabado reconociendo que sus economías  necesitan más tiempo para ajustar los déficits fiscales y que es preciso impulsar el crecimiento económico.

En el gráfico siguiente observamos las previsiones recesivas en los países europeos del sur para el 2013:
¿Cuáles son las variables fundamentales para que pueda darse en los próximos años el despegue económico, que acerque el nivel de producción a la capacidad potencial de nuestra economía?

El análisis del crecimiento económico que se inició en el siglo XVIII se ha sustentado en dos tipos de modelos: el neoclásico  o exógeno y el endógeno o de las externalidades

Los modelos neoclásicos tradicionales consideran que la acumulación de capital es el motor del crecimiento económico de un país y que su financiación fundamental viene del ahorro interno, aunque circunstancialmente haya que recurrir a endeudarse con otros países. Por lo tanto, el nivel de ahorro propio resulta determinante en el ritmo del crecimiento. Un mayor ahorro permite invertir más  y crecer más rápido.

Para los neoclásicos, los rendimientos de la inversión son decrecientes con el aumento de capital, de tal manera que disminuyen a medida que un país se va desarrollando. Por ello, apuntan hacia la convergencia de renta por habitante entre todos los países a medida que avance el nivel económico. Pero también advierten que la convergencia a largo plazo puede no darse debido a las diferencias entre los países tanto en productividad como en rentas.

La mayor productividad proviene del aumento de cualificación de los trabajadores, consecuencia de niveles más altos de educación y capacitación profesional. Otros elementos que influyen en el crecimiento son el gasto público en infraestructuras y una menor tasa de inflación

Por otra parte, la renta por habitante  aumenta directamente con la intensidad del capital físico e indirectamente con la tasa de ahorro. El ahorro interno de algunos países pobres no alcanza el 10% de la renta,  en tanto que hay países emergentes que superan el 40%.

En un caso muy estudiado, como el de EE.UU., se evidencia que el 50% del crecimiento ha venido del aumento del capital físico invertido y el incremento de empleo. El restante  50% ha sido consecuencia del llamado “progreso técnico”, compuesto por innovaciones tecnológicas, mejoras organizativas y aumento de la eficiencia de los trabajadores.

A partir de los años 80, con la aparición de modelos de crecimiento endógeno,  se introdujeron varios cambios en los supuestos que hacían  los neoclásicos.

En primer lugar, mientras en los neoclásicos el progreso técnico no es explicado por el modelo, se considera exógeno, en los nuevos modelos se trata como endógeno, es decir, se considera que el desarrollo y la difusión de nuevas tecnologías responde a incentivos económicos, por lo que no cabe considerar el estado de la técnica como un dato. Se defiende que el aumento de productividad de los factores productivos debe entenderse como un proceso económico que viene influido por el mercado.

Un segundo cambio fue considerar que los rendimientos de la inversión aumentan más que proporcionalmente con el incremento del volumen de capital físico y el potencial del trabajo.

Por último, los nuevos modelos introducen el supuesto de que el conocimiento científico-tecnológico, además de beneficiar a los factores de producción, genera un rendimiento cada vez mayor.

Algunos modelos de crecimiento endógeno llegan a considerar a la inversión en investigación, desarrollo e innovación, una parte importante del llamado progreso técnico,  como motor principal del crecimiento, que el comercio internacional puede estimular ayudando a que se difunda la tecnología,  el conocimiento y los procesos de aprendizaje.

martes, 1 de enero de 2013

EL DOLAR Y EL SISTEMA FINANCIERO


El abultado déficit fiscal norteamericano, que  alcanza el 7,3% del PIB, y  la relajada política monetaria de su Reserva Federal, entre otros factores,  hacen temer que podría debilitarse la posición del dólar como base del sistema financiero internacional.


A lo largo del siglo XIX, desde las Guerras Napoleónicas hasta la Primera Guerra Mundial  estuvo vigente en el sistema financiero internacional el patrón oro, que definía por ley el valor de la moneda de un país como equivalencia a una cantidad fija del metal amarillo.

Además de piezas de oro circulaban billetes de banco, pero las autoridades monetarias estaban obligadas a convertir el papel en oro cuando el público lo pidiera, respetando el tipo de cambio legalmente establecido.

Por ejemplo, el dólar norteamericano estaba definido como una veinteava parte de la onza de oro (28,70 gramos) y la libra esterlina era aproximadamente una cuarta parte de una onza. Por lo tanto, tener un dólar equivalía a disponer de gramo y medio de oro, aproximadamente

En ese sistema, los valores de las diferentes monedas se estabilizaban dentro de una estrecha franja, porque cuando un país sufría déficit en la balanza de pagos se producía, al liquidar las cuentas, una salida neta de oro fuera de su territorio, reduciendo con ello la oferta monetaria en el propio país que, a su vez, causaba disminución  de precios en el mercado interno con respecto a otras naciones.

Al ganar el país competitividad con la reducción de precios y salarios, se alentaban las exportaciones y se reducían las importaciones, posibilitando así que el país aumentara la cantidad de oro por la diferencia  entre los cobros y pagos.

Por tanto, entre los flujos comerciales y los derivados de los movimientos de capitales, había cierto proceso de compensación automática entre los países,  que llevaba hacia el equilibrio las cuentas exteriores.

El sistema de patrón oro aportó una gran estabilidad a la situación financiera mundial, debido a la escasa inflación que provocaba y a que el tipo de cambio fijo resultaba una bendición para el comercial internacional.

El inconveniente era que la cantidad de moneda en circulación estaba limitada al oro existente y resultaba insuficiente para hacer frente a los cobros y pagos derivados de las transacciones internacionales.

En la conferencia de Génova, en 1922, surgió el sistema patrón cambios-oro, cuya característica más destacada era la no convertibilidad en oro de las monedas de los países de manera directa, sino que fijaba un valor constante para cada moneda con respecto al oro. Ello permitió que, pese a no tener respaldo de oro, aumentara notablemente la cantidad de libras esterlinas en circulación

Con la pérdida de importancia del Reino Unido en  el contexto internacional y sin posibilidad de convertir las libras en oro, el sistema patrón cambio-oro fue decayendo lentamente.

A finales de la Segunda Guerra Mundial, desde la conferencia de Bretton Woods (1944), con la hegemonía de EE.UU en el contexto internacional,  acabó siendo  sustituido por el patrón de cambios-dólar, que da un valor fijo al dólar respecto del oro y, al mismo tiempo, a las restantes monedas un valor fijo en dólares.

El nuevo sistema facilitó el creciente comercio mundial entre las décadas de los años 50 y 60. Sin embargo, la abundante emisión de dólares para financiar la guerra de Vietnam obligó a Nixon a terminar con la convertibilidad del dólar en oro en 1971.

Desde la ruptura de la relación con el oro, el dólar se convirtió en la divisa internacional por excelencia y también en la principal reserva de los bancos centrales del mundo. Una consecuencia directa de la decisión unilateral de EE.UU. fue la sostenida devaluación, que en los años 70 dio lugar a una inflación generalizada.
 Podemos observar en el gráfico la disminución de la capacidad adquisitiva del dólar a lo largo del siglo XX. Desde que el dólar abandonó su respaldo en oro en 1971 ha perdido un 81% de su valor.

Cuando la hegemonía del dólar fue aceptada por los países para acceder al comercio internacional, se esperaba que el sistema fuese racional y transparente. Pero el desastre provocado por las hipotecas subprime y los derivados financieros en la crisis actual ha levantado seria dudas sobre el valor de los dólares mantenidos por los bancos centrales.

Lo cierto es que, con vaivenes coyunturales,  el poder adquisitivo del dólar se ha reducido fuertemente a lo largo de los años, lo que pone en duda su función de depósito de valor.  

Cada vez se discute más que una moneda global sea la misma que circule en el interior de un único país. Dicho de otra manera, se cuestiona que un país tenga en exclusiva la imprenta de hacer billetes de la moneda internacional.

martes, 25 de diciembre de 2012

LA DUALIDAD MONETARIA EN CUBA


En la década de los años 90, el modelo económico cubano tuvo que adoptar importantes cambios funcionales y estructurales para afrontar la crisis económica ligada a la ruptura de sus relaciones económicas internacionales como consecuencia de la desaparición de la URSS 

El vacío dejado por los antiguos países socialistas llevó a la reorientación geográfica de los vínculos comerciales exteriores, adaptando el sistema de relaciones a la dinámica de los precios vigentes en el mercado mundial, sin poder acceder a las fuentes de financiación externa de forma estable, dada la persistencia del bloqueo norteamericano.

Entre 1990 y 1994, el PIB se contrajo un 34,8%. El presupuesto del Estado y los de casi todas las empresas sufrieron una brutal caída de ingresos, pero se mantuvieron los gastos de educación y salud y, para evitar el desempleo masivo, aumentaron los subsidios destinados a cubrir las pérdidas de las empresas.

El abultado déficit estatal (24,5% entre 1990 y 1993) que introdujo la crisis económica provocó desequilibrios, muy elevada inflación (183% en 1992) y, como resultado, desconfianza en el peso cubano.

Por ello, desde los comienzos de los 90, la economía cubana comenzó a funcionar en base al dólar, pero el peso cubano siguió operando en muchas áreas, con lo cual el país entró en la dualidad monetaria.

El proceso de dolarización llevó a cambiar  el dólar por 7 pesos en 1990  y  100 pesos en 1992. Con el control de la inflación,  el tipo de cambio logró estabilizarse en torno a 21 pesos el dólar en el resto de la década.

La entidad oficial de cambio de moneda (CADECA) surgió en 1995 y asumió la devaluación del peso cubano, adoptando el tipo de cambio informal vigente en las operaciones con la población y los turistas

Aunque el proceso  de dolarización fue una necesidad derivada de la crisis, se convirtió en un mecanismo de regulación económica, al reservarse el Estado la decisión de cuáles empresas deben operar en dólares y cuáles en pesos cubanos.

En los años 2003 y 2004 se llevó a cabo la sustitución del dólar por el peso cubano convertible (CUC). La economía dejó de estar dolarizada y se mantuvo la dualidad con la circulación del peso cubano y el peso convertible.

Sin embargo, el tipo de cambio informal aplicado en la casa de cambio no se llevó a la contabilidad y a las operaciones del sector empresarial. Todavía hoy, el tipo de cambio del peso cubano que aplican las empresas es hacerlo equivalente al dólar o al peso convertible.

Esta sobrevaloración del peso nacional distorsiona los valores de los balances contables de las empresas y el propio cálculo del PIB. Mantiene artificialmente rentables a un conjunto de empresas y, simultáneamente, irrentables a muchas otras que no lo son realmente.

Al mismo tiempo, la sobrevaloración estimula las importaciones, dado que en la contabilidad no se refleja el verdadero costo de los productos importados y reduce el auténtico valor de las exportaciones. La consecuencia es que el tipo de cambio oficial que se aplica a las empresas no permite evaluar la competitividad de los bienes y servicios cubanos.

Pero la distorsión en la gestión empresarial no es la que más se menciona cuando uno escucha discutir a los cubanos sobre la dualidad monetaria. La doble moneda se identifica mucho más con las desigualdades en los ingresos, debido a que los salarios de los trabajadores estatales se pagan en pesos cubanos, a los que la inflación ha restado en los últimos 20 años un 70% de su capacidad adquisitiva, y, en cambio,  cuantos se desenvuelven en el  sector turístico, acceden a remesas exteriores o se relacionan con las actividades de la inversión extranjera se benefician de ingresos valorados en dólares o pesos convertibles.

Pero lo cierto es que las desigualdades son consecuencia de la reducción de los salarios reales en el amplio sector estatal cubano, ocasionada sobre todo por la elevada inflación del “período especial” (1990-1993). No es un tema monetario, sino una cuestión estructural, que viene determinada, en definitiva,  por la baja productividad y la ineficiencia de gran parte del sector empresarial.

Sobre la doble moneda, los “Lineamientos” indican que “se avanzará hacia la unificación monetaria, teniendo en cuenta la productividad del trabajo y la efectividad de los mecanismos distributivos y redistributivos”.

Por la información que hemos recibido en la reciente visita a Cuba, sabemos que se ha dado el primer paso. En el 2013 comenzará a experimentarse con cuatro grupos empresariales la devaluación del peso cubano, situando el tipo de cambio en términos 1 peso convertible igual a 7 pesos nacionales.

Con una devaluación de este tipo, cambiarán los precios relativos y los resultados financieros de las empresas. También se verá afectado el presupuesto del Estado.

La devaluación va a traer un incremento de la inflación, al tratar las empresas de trasladar a los precios finales de los bienes y servicios el incremento de costos por multiplicar a una tasa de cambio mayor los pesos convertibles y divisas de los insumos.

Los cambios van a provocar un empeoramiento de la cuenta de resultados de algunas empresas y afectar a su solvencia, dejándolas sin capacidad para hacer frente a las deudas contraídas con los acreedores. Pero es evidente que surgirán nuevas oportunidades para el ámbito productivo.

Es posible que esta devaluación del 1 a 7 sea el primer paso de un proceso gradual, porque habrá que ver en qué punto se va a encontrar con la tasa de cambio en CADECA, es decir, cuál es la tasa de equilibrio, porque el tipo de cambio actual para la población de 24 pesos por convertible tampoco es el del equilibrio final, ya que en este mercado no intervienen el conjunto de la oferta y demanda del país.

El proceso devaluatorio que se inicia, que introducirá tensiones en la economía, va a mejorar la transparencia en la información sobre la gestión y la medida  de las rentabilidades de las empresas cubanas, pero no puede lograr por sí solo la mejora de la distribución del ingreso, ya que, como hemos indicado, el nivel reducido de los salarios estatales no es un problema monetario, sino una cuestión derivada de la situación del conjunto de la economía cubana





martes, 18 de diciembre de 2012

LA UNIÓN EUROPEA SE ADENTRA EN LA RECESIÓN


Como explicábamos en la entrada anterior, el pensamiento económico dominante deposita en los incrementos de exportaciones españolas la esperanza  de mejora en la economía. Pero los recientes datos de Eurostat advierten que se está produciendo una desaceleración en la Unión Europea, donde se sitúan los principales clientes de nuestras empresas.

La oficina europea de estadística señala que la economía de la Unión acentuó en el tercer trimestre el proceso de desaceleración iniciado en el segundo período del año anterior.
Como observamos en el gráfico, en tasa interanual, el PIB registró en el tercer trimestre un descenso de 0,4%, tras la disminución del 0,3% en el período anterior. Los dos trimestres con crecimiento negativo hacen que la economía europea pueda considerarse que está,  técnicamente, en recesión.

Por su parte, la Zona Euro tuvo similar evolución, aunque más acusada, con un caída del 0,6% en el tercer trimestre, su mayor disminución desde el 2009.

En el tercer trimestre de 2012, en tasa interanual, Alemania, crece en torno al 0,9% y Francia no pasa del 0,1%.

Los países periféricos son los que presentan caídas más destacadas para este año: Grecia (-7,2%), Portugal (-3,4%), Italia (-2,4%) y España (-1,6%)

Los últimos Estados incorporados logran aún robustas tasas de avance. Los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) tienen tasas de crecimiento superiores al 3%.   
          
Como consecuencia del descenso de la actividad económica, el mercado laboral continúa destruyendo puestos de trabajo y el número de personas que buscan empleo ha llegado en Europa a 25,7 millones, que representa una tasa de desempleo del 10,6%

Las perspectivas de la Comisión Europea apuntan que la Unión reducirá su PIB en el conjunto del año 2012 un 0,3%  y comenzará a tener crecimientos positivos débiles en el 2013 en torno al  0,4%.

Los países periféricos seguirían en el 2013 en tasa negativa, como consecuencia de las medidas de consolidación fiscal. Las tasas de PIB que se prevén son: Grecia (-4,2%), España (-1,4%), Portugal (-1%) e Italia (-0,5%).

En cuanto a los dos países más importantes,  Alemania alcanzará un moderado crecimiento del 0,8% y Francia un 0,4%

Aunque la Zona Euro se adentra en la recesión, los responsables de las Unión no parecen demasiado preocupados por las consecuencias, puesto que, en la cumbre de la semana pasada aplazaron debatir sobre asuntos que estaban en la agenda, tales como la creación de un esquema europeo de garantía de depósitos y un presupuesto específico para asistir a los países más perjudicados por la crisis. 

martes, 11 de diciembre de 2012

EL PROCESO DE MEJORA


En el verano de 2007, tanto el petróleo como las Bolsas de Valores alcanzaban niveles record. La crónica económica daba cuenta de enormes beneficios y espectaculares operaciones financieras.

Bastó un accidente banal para cambiar súbitamente la tendencia alcista. El 9 de agosto de 2007, BNP Paribas, el mayor banco de Francia, tuvo que bloquear tres fondos de inversión valorados en 2.000 millones de euros, afectados por su vinculación con la incipiente crisis hipotecaria en EE.UU.

Ocurrió que ciertas entidades financieras estadounidenses especializadas en las ya famosas y arriesgadas hipotecas subprime estaban en serios apuros. La burbuja financiera había comenzado a deshincharse, pero a tal velocidad que más parecía una explosión. El contagio fue inmediato. La primera crisis financiera de la globalización se extendió con una virulencia terrible.

Por aquellas fechas el mercado inmobiliario español estaba llegando al límite de sus posibilidades. Con los tipos de interés subiendo, la rentabilidad de las compras para beneficiarse de las subidas posteriores de las viviendas estaba disminuyendo. Las familias tenían que dedicar, como promedio, ocho años de sus ingresos para adquirir una vivienda, lo cual estaba fuera del alcance de la mayoría.

La cuestión es que el incendio, que comenzó en el mundo desarrollado, se propagó por todo el sector financiero y, con el tiempo, ha afectado seriamente a la economía real, con una triste secuela de desempleo, pobreza y sequia financiera.

¿Cómo va llegar la mejora de la actividad económica y la creación de empleo según el pensamiento dominante en Europa?

Recordemos la composición del Producto Interno Bruto (PIB) de un país,

                         PIB = C + I + G + (X – M)

Parece evidente, por la evolución que observamos, que el incremento de actividad no será consecuencia de la mayor demanda de consumo (C), porque el gasto de las familias sigue débil a causa de la política de austeridad, el nivel de desempleo y al miedo al futuro.

La inversión privada (I) está en franco retroceso, después de varios años de elevados niveles de inversión. Al faltar demanda, las empresas tienen subutilizadas las instalaciones ya construidas y no se involucran en ampliaciones.

En cuanto al gasto público (G), tanto corriente como en infraestructuras, está sometido a recortes, a fin de llevar el déficit presupuestario a niveles ya comprometidos con las instituciones europeas.

Si Europa tuviese un presupuesto amplio a nivel de la Unión, como el 25% del PIB en poder del gobierno federal en Estados Unidos, se podrían esperar transferencias y subvenciones para evitar el recorte continuo de los gastos sociales, pero con el 1% de presupuesto sobre el PIB que recauda, no es posible contar con ninguna ayuda.

Por lo tanto, en la identidad señalada del PIB sólo nos queda un componente, el sector exterior (X-M), exportaciones (X) menos importaciones (M). Y la clave para impulsar el sector exterior es el aumento de la competitividad. De la demanda exterior puede venir la mejora de la actividad y la reducción del desempleo.

Una vía para mejorar la competitividad es el aumento de la productividad (la producción por hora trabajada), por medio de innovación, reformas estructurales y  una adecuada política industrial. Este es un camino que tiene efectos a medio y largo plazo. En lo que va de año,  el ritmo de aumento de la productividad está en torno al 3%, impulsado por el intenso ajuste del empleo.

Una segunda estrategia para aumentar la competitividad es concertar una moderación de precios y salarios, cuidando que se mantengan  los niveles reales de salarios y pensiones, es decir, las capacidades adquisitivas, lo cual supone controlar la inflación de los productos y servicios consumidos.

Estas acciones beneficiarían a las empresas, el Gobierno conseguiría mayores ingresos  fiscales y podría reducirse el desempleo en aquellos sectores que consigan mayor competitividad. En el tercer trimestre del año, los costes laborales unitarios han descendido cerca del 3% en tasa interanual

En el siguiente gráfico, obtenido del informe mensual de “La Caixa”, observamos el incremento del porcentaje de las exportaciones de bienes y servicios en los dos trimestres anteriores (tasas interanuales)
Sin embargo, la evolución negativa del PIB de nuestros vecinos comerciales, sumidos también en procesos de ajuste, va a dificultar el avance de las exportaciones en los próximos trimestres. El PIB de la zona Euro cayó un 0,1% en el tercer trimestre en términos anuales.

Como el horizonte temporal tiene importancia, a corto plazo, la citada concertación de rentas (precios y salarios)  puede ser más efectiva, pero en el medio y largo plazo la mejora de la competitividad se tiene que apoyar en mayor productividad y, por tanto,  habrá que prestar  atención especial a la inversión tecnológica y al impulso educativo consiguiente.

Pero en 2011 se invirtieron  en España en proyectos de investigación y desarrollo 400 millones de euros menos que en el año anterior y ha sido la primera vez que, en los últimos 12 años, se reduce el porcentaje de I+D respecto del Producto Interior Bruto.