martes, 1 de enero de 2013

EL DOLAR Y EL SISTEMA FINANCIERO


El abultado déficit fiscal norteamericano, que  alcanza el 7,3% del PIB, y  la relajada política monetaria de su Reserva Federal, entre otros factores,  hacen temer que podría debilitarse la posición del dólar como base del sistema financiero internacional.


A lo largo del siglo XIX, desde las Guerras Napoleónicas hasta la Primera Guerra Mundial  estuvo vigente en el sistema financiero internacional el patrón oro, que definía por ley el valor de la moneda de un país como equivalencia a una cantidad fija del metal amarillo.

Además de piezas de oro circulaban billetes de banco, pero las autoridades monetarias estaban obligadas a convertir el papel en oro cuando el público lo pidiera, respetando el tipo de cambio legalmente establecido.

Por ejemplo, el dólar norteamericano estaba definido como una veinteava parte de la onza de oro (28,70 gramos) y la libra esterlina era aproximadamente una cuarta parte de una onza. Por lo tanto, tener un dólar equivalía a disponer de gramo y medio de oro, aproximadamente

En ese sistema, los valores de las diferentes monedas se estabilizaban dentro de una estrecha franja, porque cuando un país sufría déficit en la balanza de pagos se producía, al liquidar las cuentas, una salida neta de oro fuera de su territorio, reduciendo con ello la oferta monetaria en el propio país que, a su vez, causaba disminución  de precios en el mercado interno con respecto a otras naciones.

Al ganar el país competitividad con la reducción de precios y salarios, se alentaban las exportaciones y se reducían las importaciones, posibilitando así que el país aumentara la cantidad de oro por la diferencia  entre los cobros y pagos.

Por tanto, entre los flujos comerciales y los derivados de los movimientos de capitales, había cierto proceso de compensación automática entre los países,  que llevaba hacia el equilibrio las cuentas exteriores.

El sistema de patrón oro aportó una gran estabilidad a la situación financiera mundial, debido a la escasa inflación que provocaba y a que el tipo de cambio fijo resultaba una bendición para el comercial internacional.

El inconveniente era que la cantidad de moneda en circulación estaba limitada al oro existente y resultaba insuficiente para hacer frente a los cobros y pagos derivados de las transacciones internacionales.

En la conferencia de Génova, en 1922, surgió el sistema patrón cambios-oro, cuya característica más destacada era la no convertibilidad en oro de las monedas de los países de manera directa, sino que fijaba un valor constante para cada moneda con respecto al oro. Ello permitió que, pese a no tener respaldo de oro, aumentara notablemente la cantidad de libras esterlinas en circulación

Con la pérdida de importancia del Reino Unido en  el contexto internacional y sin posibilidad de convertir las libras en oro, el sistema patrón cambio-oro fue decayendo lentamente.

A finales de la Segunda Guerra Mundial, desde la conferencia de Bretton Woods (1944), con la hegemonía de EE.UU en el contexto internacional,  acabó siendo  sustituido por el patrón de cambios-dólar, que da un valor fijo al dólar respecto del oro y, al mismo tiempo, a las restantes monedas un valor fijo en dólares.

El nuevo sistema facilitó el creciente comercio mundial entre las décadas de los años 50 y 60. Sin embargo, la abundante emisión de dólares para financiar la guerra de Vietnam obligó a Nixon a terminar con la convertibilidad del dólar en oro en 1971.

Desde la ruptura de la relación con el oro, el dólar se convirtió en la divisa internacional por excelencia y también en la principal reserva de los bancos centrales del mundo. Una consecuencia directa de la decisión unilateral de EE.UU. fue la sostenida devaluación, que en los años 70 dio lugar a una inflación generalizada.
 Podemos observar en el gráfico la disminución de la capacidad adquisitiva del dólar a lo largo del siglo XX. Desde que el dólar abandonó su respaldo en oro en 1971 ha perdido un 81% de su valor.

Cuando la hegemonía del dólar fue aceptada por los países para acceder al comercio internacional, se esperaba que el sistema fuese racional y transparente. Pero el desastre provocado por las hipotecas subprime y los derivados financieros en la crisis actual ha levantado seria dudas sobre el valor de los dólares mantenidos por los bancos centrales.

Lo cierto es que, con vaivenes coyunturales,  el poder adquisitivo del dólar se ha reducido fuertemente a lo largo de los años, lo que pone en duda su función de depósito de valor.  

Cada vez se discute más que una moneda global sea la misma que circule en el interior de un único país. Dicho de otra manera, se cuestiona que un país tenga en exclusiva la imprenta de hacer billetes de la moneda internacional.

martes, 25 de diciembre de 2012

LA DUALIDAD MONETARIA EN CUBA


En la década de los años 90, el modelo económico cubano tuvo que adoptar importantes cambios funcionales y estructurales para afrontar la crisis económica ligada a la ruptura de sus relaciones económicas internacionales como consecuencia de la desaparición de la URSS 

El vacío dejado por los antiguos países socialistas llevó a la reorientación geográfica de los vínculos comerciales exteriores, adaptando el sistema de relaciones a la dinámica de los precios vigentes en el mercado mundial, sin poder acceder a las fuentes de financiación externa de forma estable, dada la persistencia del bloqueo norteamericano.

Entre 1990 y 1994, el PIB se contrajo un 34,8%. El presupuesto del Estado y los de casi todas las empresas sufrieron una brutal caída de ingresos, pero se mantuvieron los gastos de educación y salud y, para evitar el desempleo masivo, aumentaron los subsidios destinados a cubrir las pérdidas de las empresas.

El abultado déficit estatal (24,5% entre 1990 y 1993) que introdujo la crisis económica provocó desequilibrios, muy elevada inflación (183% en 1992) y, como resultado, desconfianza en el peso cubano.

Por ello, desde los comienzos de los 90, la economía cubana comenzó a funcionar en base al dólar, pero el peso cubano siguió operando en muchas áreas, con lo cual el país entró en la dualidad monetaria.

El proceso de dolarización llevó a cambiar  el dólar por 7 pesos en 1990  y  100 pesos en 1992. Con el control de la inflación,  el tipo de cambio logró estabilizarse en torno a 21 pesos el dólar en el resto de la década.

La entidad oficial de cambio de moneda (CADECA) surgió en 1995 y asumió la devaluación del peso cubano, adoptando el tipo de cambio informal vigente en las operaciones con la población y los turistas

Aunque el proceso  de dolarización fue una necesidad derivada de la crisis, se convirtió en un mecanismo de regulación económica, al reservarse el Estado la decisión de cuáles empresas deben operar en dólares y cuáles en pesos cubanos.

En los años 2003 y 2004 se llevó a cabo la sustitución del dólar por el peso cubano convertible (CUC). La economía dejó de estar dolarizada y se mantuvo la dualidad con la circulación del peso cubano y el peso convertible.

Sin embargo, el tipo de cambio informal aplicado en la casa de cambio no se llevó a la contabilidad y a las operaciones del sector empresarial. Todavía hoy, el tipo de cambio del peso cubano que aplican las empresas es hacerlo equivalente al dólar o al peso convertible.

Esta sobrevaloración del peso nacional distorsiona los valores de los balances contables de las empresas y el propio cálculo del PIB. Mantiene artificialmente rentables a un conjunto de empresas y, simultáneamente, irrentables a muchas otras que no lo son realmente.

Al mismo tiempo, la sobrevaloración estimula las importaciones, dado que en la contabilidad no se refleja el verdadero costo de los productos importados y reduce el auténtico valor de las exportaciones. La consecuencia es que el tipo de cambio oficial que se aplica a las empresas no permite evaluar la competitividad de los bienes y servicios cubanos.

Pero la distorsión en la gestión empresarial no es la que más se menciona cuando uno escucha discutir a los cubanos sobre la dualidad monetaria. La doble moneda se identifica mucho más con las desigualdades en los ingresos, debido a que los salarios de los trabajadores estatales se pagan en pesos cubanos, a los que la inflación ha restado en los últimos 20 años un 70% de su capacidad adquisitiva, y, en cambio,  cuantos se desenvuelven en el  sector turístico, acceden a remesas exteriores o se relacionan con las actividades de la inversión extranjera se benefician de ingresos valorados en dólares o pesos convertibles.

Pero lo cierto es que las desigualdades son consecuencia de la reducción de los salarios reales en el amplio sector estatal cubano, ocasionada sobre todo por la elevada inflación del “período especial” (1990-1993). No es un tema monetario, sino una cuestión estructural, que viene determinada, en definitiva,  por la baja productividad y la ineficiencia de gran parte del sector empresarial.

Sobre la doble moneda, los “Lineamientos” indican que “se avanzará hacia la unificación monetaria, teniendo en cuenta la productividad del trabajo y la efectividad de los mecanismos distributivos y redistributivos”.

Por la información que hemos recibido en la reciente visita a Cuba, sabemos que se ha dado el primer paso. En el 2013 comenzará a experimentarse con cuatro grupos empresariales la devaluación del peso cubano, situando el tipo de cambio en términos 1 peso convertible igual a 7 pesos nacionales.

Con una devaluación de este tipo, cambiarán los precios relativos y los resultados financieros de las empresas. También se verá afectado el presupuesto del Estado.

La devaluación va a traer un incremento de la inflación, al tratar las empresas de trasladar a los precios finales de los bienes y servicios el incremento de costos por multiplicar a una tasa de cambio mayor los pesos convertibles y divisas de los insumos.

Los cambios van a provocar un empeoramiento de la cuenta de resultados de algunas empresas y afectar a su solvencia, dejándolas sin capacidad para hacer frente a las deudas contraídas con los acreedores. Pero es evidente que surgirán nuevas oportunidades para el ámbito productivo.

Es posible que esta devaluación del 1 a 7 sea el primer paso de un proceso gradual, porque habrá que ver en qué punto se va a encontrar con la tasa de cambio en CADECA, es decir, cuál es la tasa de equilibrio, porque el tipo de cambio actual para la población de 24 pesos por convertible tampoco es el del equilibrio final, ya que en este mercado no intervienen el conjunto de la oferta y demanda del país.

El proceso devaluatorio que se inicia, que introducirá tensiones en la economía, va a mejorar la transparencia en la información sobre la gestión y la medida  de las rentabilidades de las empresas cubanas, pero no puede lograr por sí solo la mejora de la distribución del ingreso, ya que, como hemos indicado, el nivel reducido de los salarios estatales no es un problema monetario, sino una cuestión derivada de la situación del conjunto de la economía cubana





martes, 18 de diciembre de 2012

LA UNIÓN EUROPEA SE ADENTRA EN LA RECESIÓN


Como explicábamos en la entrada anterior, el pensamiento económico dominante deposita en los incrementos de exportaciones españolas la esperanza  de mejora en la economía. Pero los recientes datos de Eurostat advierten que se está produciendo una desaceleración en la Unión Europea, donde se sitúan los principales clientes de nuestras empresas.

La oficina europea de estadística señala que la economía de la Unión acentuó en el tercer trimestre el proceso de desaceleración iniciado en el segundo período del año anterior.
Como observamos en el gráfico, en tasa interanual, el PIB registró en el tercer trimestre un descenso de 0,4%, tras la disminución del 0,3% en el período anterior. Los dos trimestres con crecimiento negativo hacen que la economía europea pueda considerarse que está,  técnicamente, en recesión.

Por su parte, la Zona Euro tuvo similar evolución, aunque más acusada, con un caída del 0,6% en el tercer trimestre, su mayor disminución desde el 2009.

En el tercer trimestre de 2012, en tasa interanual, Alemania, crece en torno al 0,9% y Francia no pasa del 0,1%.

Los países periféricos son los que presentan caídas más destacadas para este año: Grecia (-7,2%), Portugal (-3,4%), Italia (-2,4%) y España (-1,6%)

Los últimos Estados incorporados logran aún robustas tasas de avance. Los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) tienen tasas de crecimiento superiores al 3%.   
          
Como consecuencia del descenso de la actividad económica, el mercado laboral continúa destruyendo puestos de trabajo y el número de personas que buscan empleo ha llegado en Europa a 25,7 millones, que representa una tasa de desempleo del 10,6%

Las perspectivas de la Comisión Europea apuntan que la Unión reducirá su PIB en el conjunto del año 2012 un 0,3%  y comenzará a tener crecimientos positivos débiles en el 2013 en torno al  0,4%.

Los países periféricos seguirían en el 2013 en tasa negativa, como consecuencia de las medidas de consolidación fiscal. Las tasas de PIB que se prevén son: Grecia (-4,2%), España (-1,4%), Portugal (-1%) e Italia (-0,5%).

En cuanto a los dos países más importantes,  Alemania alcanzará un moderado crecimiento del 0,8% y Francia un 0,4%

Aunque la Zona Euro se adentra en la recesión, los responsables de las Unión no parecen demasiado preocupados por las consecuencias, puesto que, en la cumbre de la semana pasada aplazaron debatir sobre asuntos que estaban en la agenda, tales como la creación de un esquema europeo de garantía de depósitos y un presupuesto específico para asistir a los países más perjudicados por la crisis. 

martes, 11 de diciembre de 2012

EL PROCESO DE MEJORA


En el verano de 2007, tanto el petróleo como las Bolsas de Valores alcanzaban niveles record. La crónica económica daba cuenta de enormes beneficios y espectaculares operaciones financieras.

Bastó un accidente banal para cambiar súbitamente la tendencia alcista. El 9 de agosto de 2007, BNP Paribas, el mayor banco de Francia, tuvo que bloquear tres fondos de inversión valorados en 2.000 millones de euros, afectados por su vinculación con la incipiente crisis hipotecaria en EE.UU.

Ocurrió que ciertas entidades financieras estadounidenses especializadas en las ya famosas y arriesgadas hipotecas subprime estaban en serios apuros. La burbuja financiera había comenzado a deshincharse, pero a tal velocidad que más parecía una explosión. El contagio fue inmediato. La primera crisis financiera de la globalización se extendió con una virulencia terrible.

Por aquellas fechas el mercado inmobiliario español estaba llegando al límite de sus posibilidades. Con los tipos de interés subiendo, la rentabilidad de las compras para beneficiarse de las subidas posteriores de las viviendas estaba disminuyendo. Las familias tenían que dedicar, como promedio, ocho años de sus ingresos para adquirir una vivienda, lo cual estaba fuera del alcance de la mayoría.

La cuestión es que el incendio, que comenzó en el mundo desarrollado, se propagó por todo el sector financiero y, con el tiempo, ha afectado seriamente a la economía real, con una triste secuela de desempleo, pobreza y sequia financiera.

¿Cómo va llegar la mejora de la actividad económica y la creación de empleo según el pensamiento dominante en Europa?

Recordemos la composición del Producto Interno Bruto (PIB) de un país,

                         PIB = C + I + G + (X – M)

Parece evidente, por la evolución que observamos, que el incremento de actividad no será consecuencia de la mayor demanda de consumo (C), porque el gasto de las familias sigue débil a causa de la política de austeridad, el nivel de desempleo y al miedo al futuro.

La inversión privada (I) está en franco retroceso, después de varios años de elevados niveles de inversión. Al faltar demanda, las empresas tienen subutilizadas las instalaciones ya construidas y no se involucran en ampliaciones.

En cuanto al gasto público (G), tanto corriente como en infraestructuras, está sometido a recortes, a fin de llevar el déficit presupuestario a niveles ya comprometidos con las instituciones europeas.

Si Europa tuviese un presupuesto amplio a nivel de la Unión, como el 25% del PIB en poder del gobierno federal en Estados Unidos, se podrían esperar transferencias y subvenciones para evitar el recorte continuo de los gastos sociales, pero con el 1% de presupuesto sobre el PIB que recauda, no es posible contar con ninguna ayuda.

Por lo tanto, en la identidad señalada del PIB sólo nos queda un componente, el sector exterior (X-M), exportaciones (X) menos importaciones (M). Y la clave para impulsar el sector exterior es el aumento de la competitividad. De la demanda exterior puede venir la mejora de la actividad y la reducción del desempleo.

Una vía para mejorar la competitividad es el aumento de la productividad (la producción por hora trabajada), por medio de innovación, reformas estructurales y  una adecuada política industrial. Este es un camino que tiene efectos a medio y largo plazo. En lo que va de año,  el ritmo de aumento de la productividad está en torno al 3%, impulsado por el intenso ajuste del empleo.

Una segunda estrategia para aumentar la competitividad es concertar una moderación de precios y salarios, cuidando que se mantengan  los niveles reales de salarios y pensiones, es decir, las capacidades adquisitivas, lo cual supone controlar la inflación de los productos y servicios consumidos.

Estas acciones beneficiarían a las empresas, el Gobierno conseguiría mayores ingresos  fiscales y podría reducirse el desempleo en aquellos sectores que consigan mayor competitividad. En el tercer trimestre del año, los costes laborales unitarios han descendido cerca del 3% en tasa interanual

En el siguiente gráfico, obtenido del informe mensual de “La Caixa”, observamos el incremento del porcentaje de las exportaciones de bienes y servicios en los dos trimestres anteriores (tasas interanuales)
Sin embargo, la evolución negativa del PIB de nuestros vecinos comerciales, sumidos también en procesos de ajuste, va a dificultar el avance de las exportaciones en los próximos trimestres. El PIB de la zona Euro cayó un 0,1% en el tercer trimestre en términos anuales.

Como el horizonte temporal tiene importancia, a corto plazo, la citada concertación de rentas (precios y salarios)  puede ser más efectiva, pero en el medio y largo plazo la mejora de la competitividad se tiene que apoyar en mayor productividad y, por tanto,  habrá que prestar  atención especial a la inversión tecnológica y al impulso educativo consiguiente.

Pero en 2011 se invirtieron  en España en proyectos de investigación y desarrollo 400 millones de euros menos que en el año anterior y ha sido la primera vez que, en los últimos 12 años, se reduce el porcentaje de I+D respecto del Producto Interior Bruto. 

martes, 20 de noviembre de 2012

AUMENTA LA DESIGUALDAD


Las consideraciones referentes a la distribución mundial de la renta y a la desigualdad global están adquiriendo una importancia creciente.

Fue en la época de la Revolución Industrial (siglos XVIII y XIX) cuando se aceleró un proceso de divergencia entre los niveles de renta de los países, que originó un gigantesco aumento de desigualdad entre los ciudadanos del mundo.

Se discute si es una divergencia de tipo permanente o, por el contrario, se puede esperar que las diferencias entre países ricos y pobres, que iniciaron un tímido descenso hace un par de décadas, continuarán acortándose significativamente, tema sobre el cual tratamos en la entrada anterior.

En esta ocasión vamos a fijarnos en otra desigualdad, la que se produce entre los ciudadanos del mismo país, que se deriva de la distribución personal, el reparto de la renta entre los individuos.

El siguiente gráfico recoge dos medidas de desigualdad:

-El coeficiente de GINI,  del estadístico italiano del mismo nombre, que ideo a comienzos del siglo pasado un método para medir la desigualdad de los ingresos entre los habitantes de un país. El valor 0 expresa la igualdad total y el valor 100 la máxima desigualdad

-El ratio s80/20 de la población, que establece el número de veces que el 20% de ingresos más elevados supone sobre el 20% de menores rentas.


Observamos en el coeficiente de GINI (a la izquierda) que en el año 2010, últimos datos disponibles para comparar, la Unión Europea tenía un coeficiente de 30,5, en tanto que España llegaba a 33,9. Por otro lado, mientras que a partir de 2008 el índice de desigualdad europeo desciende, el de España sube de 31,3 a 34.

En cuanto al gráfico derecho, vemos que, en el año 2011, el 20% de nivel más alto ingresó en la  UE-15 6,2 veces las rentas del 20% más bajo, en tanto que en España la mismo relación alcanza 7,5 veces, es decir, un 21% más. 


Las medidas de desigualdad nos permiten conocer cómo va afectando a los ciudadanos la evolución de la gran recesión. Los gráficos nos muestran que la brecha entre las rentas altas y bajas se amplió de modo significativo entre 2008 y 2010, para mantenerse estable en el año pasado.

No cabe duda de que la desigualdad más pronunciada en España con respecto a la media europea es consecuencia del mayor nivel de paro. Es la posibilidad de acceso a un puesto de trabajo la que marca la diferencia con respecto a los desempleados y, dentro de este colectivo,  la brecha  se abre entre los que aún reciben algún subsidio y los que han agotado todas las prestaciones.

Resulta significativo el título del informe presentado la semana pasada en el Congreso Nacional de los Técnicos del Ministerio de Hacienda (GESTHA), celebrado en Bilbao: “Adiós a las clases medias”

NOTA. En las dos próximas semanas no aparecerá ninguna entrada nueva en este blog. Estaré en el Oriente cubano colaborando en el programa de MUNDUKIDE, ONG de Desarrollo

martes, 13 de noviembre de 2012

CONVERGENCIA ECONÓMICA ENTRE PAISES


La convergencia económica significa que los países con menores niveles de renta por habitante tienden a crecer a ritmo más rápido del que avanzan los de mayor desarrollo.

Tal hipótesis implica que con el transcurso del tiempo los niveles de renta media por habitante reducen las diferencias entre los países,  al menos entre aquellos que tienen determinadas características comunes.

Hay indicios de que hace dos décadas comenzó un proceso de convergencia, pero las diferencias siguen siendo gigantescas. Cuando Adam Smith, el padre de la economía clásica, escribió hace 236 años “La riqueza de las naciones”, la renta por habitante del país más rico (Reino Unido) multiplicaba por 4 la del más pobre. Al día de hoy un estadounidense medio ingresa 400 veces más que un congoleño.

En la primera década de este siglo emergieron países con grandes riquezas naturales y algunas economías tuvieron una recuperación sorprendente, tanto en América Latina como en Asia. Destacan China e India, con un total de 2.500 millones de habitantes, que casi han duplicado el tamaño de sus economías en la década pasada,  moviendo el centro de gravedad de la economía mundial hacia el Este.

Podemos apreciar en el siguiente gráfico, correspondiente a "Perspectivas de  la economía mundial", las tasas de crecimiento anual por habitante, en porcentaje, de tres bloques de países,                                 


Observamos que, a partir de comienzos de siglo, las tasas de crecimiento de los países emergentes y en desarrollo triplican el avance de las economías desarrolladas.

Viniendo a un caso cercano, el de la economía española, el proceso de convergencia con Europa  en la década previa a la crisis actual se debió sobre todo  a que los salarios fueron acortando distancias con respecto a los europeos.  Y sabemos que el aumento de la renta suele ir parejo al de los salarios, puesto que éstos representan más de la mitad del PIB del país.

Se ha podido constatar también que el comercio exterior español ha cambiado profundamente en las últimas décadas. Tanto  los salarios y precios como las estructuras productivas han ido  convergiendo con los países que comercia. 

Algunos economistas consideran que la divergencia es un fenómeno más bien del siglo XIX y que en el siglo XX se han observado notables casos de convergencia, tales como Europa del sur con el resto de la UE, Europa con América y Corea del Sur con Japón.

Las divergencias más destacadas se dan en países africanos y algunos países latinoamericanos. Mientras que el grupo de países ricos se sitúa cada vez más en el mundo occidental, ser africano se ha convertido en sinónimo de ser pobre.

Como resulta evidente, la reducción de las desigualdades entre países, además de constituir una exigencia de la justicia, es un factor de estabilidad en el mundo.

martes, 6 de noviembre de 2012

LA ECONOMÍA EN EL LARGO PLAZO


En el largo plazo, el crecimiento económico busca el incremento de la capacidad productiva de una economía para atender las necesidades de su población.


Los bienes y servicios de un país se obtienen utilizando, además de recursos naturales,  dos factores básicos: Trabajo y Capital físico (máquinas, edificios, vehículos…).

 Cuanto más capital físico dispone un trabajador para realizar su tarea, más produce. Los bienes y servicios dedicados a la producción de nuevo capital,  y no a los componentes del consumo, constituyen la inversión y es ésta la que permite aumentar  la cantidad de capital físico disponible.

En un análisis económico simplificado, la inversión en nuevo capital requiere ahorro de los ciudadanos. Una proporción reducida de ahorro sobre la renta generada reduce la tasa de inversión y acaba disminuyendo la renta total.

Además de la cantidad de capital que utiliza el país, la renta que genera se debe a la productividad, el aumento de producción que se obtiene por trabajador con el capital físico disponible.

La productividad alcanzada depende de la tecnología, es decir, el conjunto de conocimientos existentes sobre la forma de tratar los factores con  los que se obtienen los productos, y la eficiencia, el nivel de organización conseguido en el proceso  productivo.

Estos factores del proceso de crecimiento están condicionados por la cultura de los países (esfuerzo en el trabajo),  la política económica (impuestos, reglamentaciones…) y las diferencias geográficas (recursos naturales, clima…).

En el siguiente gráfico podemos observar la evolución de la productividad, el elemento clave del crecimiento en el largo plazo:

Al finalizar 2011, la productividad en el País Vasco  en términos de PPA (paridad de poder adquisitivo o capacidad de compra) por hora trabajada era similar a la de  Alemania y superaba a la de España en un 25%.

La productividad en la economía vasca era un 12% inferior a la de EE.UU, pero superaba a la UE-15 en un 14%. 
    
Podemos observar en el gráfico el efecto de los aumentos de factores productivos y su eficiente utilización en los niveles de crecimiento económico por habitante en España y el País Vasco en los últimos 17 años.