martes, 8 de noviembre de 2011

IDH 2011: EL DESARROLLO HUMANO

 En un texto del pasado octubre sobre los indicadores de desarrollo tratamos del “Índice de Desarrollo Humano”(IDH), como un referente del bienestar alcanzado por los ciudadanos de un país, más allá del crecimiento económico medido por el PIB. La publicación en estos días del documento IDH 2011 por el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) nos permite asomarnos a la situación del desarrollo humano en los paises de todo el mundo

El Informe de este año muestra una preocupación especial sobre las medidas globales necesarias para proteger el planeta y el derecho de las generaciones futuras a una vida plena. Considera que éste es el desafío clave del siglo actual en materia de desarrollo.

De hecho, se ha llegado a afirmar que la reciente alteración en los precios de los alimentos podría ser consecuencia tanto de las sequías como de las inundaciones, consecuencias naturales de un mundo que se calienta: las sequías, porque hace más calor,  y  las inundaciones, porque los océanos más calientes liberan más vapor de agua. 

En la linea del PNUD, el economista Krugman apunta que “como siempre, no es posible atribuir ningún acontecimiento meteorológico concreto a los gases de efecto invernadero, pero el patrón que estamos viendo, con máximos extremos y en general un tiempo extremo que se vuelve mucho más habitual, es justo lo que uno esperaría del cambio climático”

El informe 2011 señala también que la sostenibilidad ambiental está ligada a la equidad, entendida como justicia social y acceso a calidad de vida. La sostenibilidad es la forma en que elegimos vivir, conscientes de que todo lo que se hace tiene consecuencias para los habitantes del planeta. Avanzar en el desarrollo humano requiere tomar medidas audaces para reducir los riesgos tanto ambientales como de desigualdad. 


 
El esquema trata de sugerir que en la búsqueda de sostenibilidad y equidad no es necesario que ambos se refuercen mutuamente. De hecho, en muchas instancias habrá que hacer concesiones recíprocas. Por ejemplo, las medidas para mejorar el medioambiente pueden tener efectos adversos en la equidad si restringen el crecimiento económico de los países en desarrollo. De ahí la importancia de tener en cuenta el contexto.

Valiéndose de la innovación presentada en el Informe de 2010, el IDH ajustado por la desigualdad, señala que se está dando  una profundización de la desigualdad en los ingresos, al tiempo que se observan importantes mejoras en materia de salud y educación. La pérdida agregada de desarrollo humano debido a la desigualdad, que en el año anterior se situaba en el 22%, ha ascendido al 24%.

Ha sido la desigualdad de ingresos la que se ha deteriorado en la mayoría de los países. Aunque América Latina ha mejorado, sigue siendo la región más desigual en la distribución del ingreso, y  Africa Subsahariana tiene la mayor desigualdad total en el IDH

En las últimas dos décadas, la brecha entre ricos y pobres se ha expandido en más de tres cuartas partes de las naciones que integran la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económico) y en muchas economías de mercado emergentes. 

Los paises que ocupan los primeros lugares en el desarrollo humano son los siguientes:
 
(Recordemos que el índice IDH representa el tanto por uno del máximo alcanzable a nivel mundial)

España pierde tres posiciones respecto del 2010, pasando del puesto 20 al 23, con los datos siguientes:
 

En la cola del listado (desarrollo  humano bajo) se sitúan los siguientes países:
 

Las proyecciones del Informe apuntan que “si seguimos ignorando los graves riesgos ambientales y las profundas desigualdades sociales, pondremos en serio peligro las décadas de avances permanentes de la mayoría de los pobres del mundo, e incluso se podría llegar a revertir la convergencia mundial del desarrollo humano”.

martes, 1 de noviembre de 2011

LOS LIMITES DE LA ECONOMIA DE MERCADO

 
Se entiende por economía de mercado la organización y asignación de la producción y el consumo de bienes y servicios que surge de la confrontación entre la demanda y oferta en situaciones competitivas. Como ciertas actividades suelen dejarse en manos de las Administraciones Públicas, al modelo resultante se le viene denominando “economía mixta” o “economía mixta de mercado”.

Ante la crisis que estamos viviendo, y que va para largo, hasta los defensores más acérrimos del mercado, los que aseguraban que se autoregulaba, admiten  significativas imperfecciones en su funcionamiento, defectos que los manuales de economía tratan como fallos o límites del mercado. 

La tipología de tales fallos podemos sintetizarla en los siguientes apartados: competencia imperfecta, externalidades, información imperfecta y pobreza y desigualdad. 

Las características de la competencia imperfecta, en forma de monopolios de hecho, oligopolios y competencias monopolísticas, situaciones todas ellas en las que las empresas  tienen capacidad para influir de manera significativa en los precios, las señalábamos en la entrada anterior, referente al funcionamiento de los mercados.  Vamos a tratar en esta ocasión de explicar brevemente las restantes limitaciones.

Las llamadas externalidades surgen  cuando no se incluyen en los precios de mercado algunos efectos secundarios de la producción y el consumo. Los efectos externos crean una divergencia entre los costes y valoraciones privadas y sociales, porque una acción privada puede tener efectos colaterales que afectan a otras personas o entidades. Por ejemplo, echar al rio residuos industriales –una práctica que ha sido habitual entre nosotros- no supone ningún coste para la empresa que se desprende de ellos, pero provoca una externalidad negativa a la comunidad por los costes de limpieza que ocasiona.

Como los costes externos no los padece la entidad que los provoca,  los precios de mercado no expresan realmente el valor que comportan los intercambios. Al tomar en consideración el productor menos costes de los que en realidad conlleva su actividad, tiende a caer en situación de ineficiencia por sobreproducción y, para evitarlo, habrá que recurrir a la intervención  pública (por ejemplo, establecer un impuesto)

El tercer fallo del mercado es la información imperfecta. La teoría de la competencia perfecta supone que tanto los compradores como los vendedores tienen información completa sobre los bienes y servicios en las transacciones en que intervienen, pero la observación de lo que ocurre en la realidad nos indica que la información es muy desigual entre compradores y vendedores. Por ejemplo, centrándonos en la crisis actual, se supone que las familias que invertían en títulos financieros conocían los riesgos que implicaban sus decisiones de inversión. Sin embargo, no hay más que ver la sorpresa que se han llevado al tratar de liquidar sus títulos, para concluir que disponían de una información imperfecta, en muchos casos no tenían ni idea sobre los riesgos que estaban asumiendo. Es lo que se denomina un caso de información asimétrica. Las entidades creadoras de los títulos conocían muy bien –quizás, no tanto el empleado bancario interlocutor de las familias- los riesgos de impago de las hipotecas “subprime”en las que se basaban los fondos de inversión vendidos, en tanto que lo suscriptores estaban en la creencia de que invertían con bajo riesgo.

Por último, las propiedades de eficiencia de los mercados no garantizan que la distribución de la renta sea equitativa. Una situación de eficiencia puede ser compatible con cualquier distribución de la renta, desde la más igualitaria a la más desigual y, por tanto, con muy distintos niveles de bienestar para los ciudadanos. De hecho, la forma en que los mercados distribuyen la riqueza está produciendo, en palabras del economista Nouriel Roubini, “un enorme desplazamiento de ingresos y prosperidad, un corrimiento desde la clase media a los ricos, del trabajo al capital, de los salarios al beneficio empresarial”

Según el Instituto Nacional de Estadística, el 21,8% de la población española vive por debajo del umbral de riesgo de pobreza (población que dispone entre un 50 y un 60% del ingreso medio), un punto porcentual más que hace un año. 

Será necesario, por tanto,  dejar a un lado la ficción de que la actividad económica es sólo el proceso de producción y consumo de bienes y servicios con expresión monetaria y llegar a una combinación apropiada de mercado y sector  público, instituciones eficientes e  incentivos adecuados, con políticas redistributivas para facilitar a toda la población el acceso a una vida digna.